[:es]Vivimos en un Estado del Revés, no un Estado de Derecho[:]

[:es]Algunos de mis pensamientos sobre el Estado en el que vivimos a principios del siglo XXI:

“Un Estado cuya existencia se financia mediante el robo de la propiedad privada legítima de la sociedad y que sin embargo ampara en sus leyes que el individuo pueda robar la propiedad natural y comunitaria alquilando y vendiendo valor de la Tierra que él no ha creado, no es un Estado de Derecho, es un Estado del Revés”


“El Estado de Derecho, es aquel que no roba la propiedad privada de los trabajadores y de los creadores de trabajo y cuya existencia se financia mediante impuestos al valor comunitario y natural de la Tierra, impidiendo así que los individuos roben y especulen con aquello que el conjunto de la sociedad necesita ineludiblemente para sobrevivir: La tierra y sus recursos naturales”


¿Tiene derecho el Estado de financiarse robando el dinero de la gente que trabaja y de la que crea trabajo teniendo a su alcance una fuente abundante y legítima de la que obtener los recursos para su funcionamiento sin apropiarse indebidamente de la propiedad privada del individuo?


Un Estado que no protege la propiedad natural, pública y privada asignando el valor de cada cual a cada cual, sino que usurpa el valor del trabajo y del capital hacia sí mismo, permitiendo a su vez que individuos ganen valor natural y comunitario sin mover un dedo, generación tras generación al vender y alquilar el valor de la Tierra no es un Estado, es un Estado de Caos legal.


La Tierra no es capital. La Tierra existe independientemente de la existencia del smartphone, de Wall Street o del banco del mundo que sea. ¿Pueden sin embargo existir el smartphone, Wall Street o el banco del mundo que sea sin la existencia de la Tierra?


La tierra es pre-existente, co-existente y post-existente al humano. Objetivamente, la Tierra nos posee a nosotros, no nosotros a la Tierra.


Las culturas indígenas entendían el principio de propiedad de la naturaleza y el principio de propiedad colectiva, por eso practicaban la reparación y restitución de lo dañado al medioambiente y establecían sistemas complejos de intercambio en su colectivo. Hoy en día solo entendemos el principio de propiedad privada y escasamente el de propiedad colectiva. Hasta que no entendamos la propiedad natural, seguiremos destruyendo aquello que nos permite sobrevivir, la Tierra.


La mayor posible necedad que cometemos es considerarnos dueños y superiores a aquello de lo que dependemos dramáticamente: La Tierra y sus recursos naturales.


Todos, sin excepción, necesitamos la Tierra y los recursos naturales para sobrevivir. Sin embargo, solo unos pocos se arrogan el derecho de vender y alquilar esa Tierra y esos recursos naturales que no han creado sin compensar por ello a la naturaleza y a la sociedad. Mientras esto siga siendo así, la inequidad continuará creciendo en nuestro mundo.


Puedes vivir sin un smartphone, puedes vivir sin dinero, pero no puedes vivir sin Tierra. Queridos economistas, ¿todavía nos empeñamos en considerar a la Tierra como el smartphone o el dinero, mero capital?


Al igual que la abolición de la esclavitud fué la lucha por la equidad humana del pasado, la lucha por el impuesto único a la Tierra y los recursos naturales será la lucha por la equidad planetaria del hoy y del mañana.

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