Mi experiencia con el Vedanta Advaita (I)

Enlazando con mis relatos sobre mis experiencias con la “comunidad” Osho (que ya he detallado en relatos previos que sirven como profunda introducción a estos), ya que mis experiencias con el Advaita coexistieron con la época en la que me relacionaba con el mundillo Osho, voy a relatar ahora los aspectos específicos de mis vivencias con respecto a esta rama del hinduismo conocida como vedanta Advaita y a arrojar una serie de reflexiones sobre esta religión que está permeando grandes sectores del pensamiento social colectivo occidental en estos años.

Primero de todo quiero resaltar que cuando se habla de Vedanta Advaita o (no-dualismo) mucha gente o no sabe lo que es, o los que han estado en algún satsang (reunión con un “maestro iluminado” del advaita) dicen que no es una religión (aquellos que son devotos ajajajaj de la misma) y no reconocen sus orígenes ni sus creencias como religiosas cuando de hecho lo son. Todo eso lo explicaré con calma en estos textos.

De momento una breve explicación de lo que el advaita es, se puede encontrar mismamente en la wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Advaita

El advaita es una rama del hinduismo popularizada por una saga o linaje de “maestros iluminados” (ya explicaré en qué consiste esa iluminación) cuyos máximos exponentes son Ramana Maharshi, Nissargadatta Maharaj, Ramesh Balsekar y continuando el linaje en occidente Wayne Liquorman y una ristra de “maestros iluminados” como setas que crecen después de la lluvia… si se me permite el comentario.

No sabía de aquella que viajaría a India y que permanecería una semana entera yendo todas las mañanas a la casa de Ramesh Balsekar a escuchar “sus charlas” y que hablaría con él de este tema de la “iluminación”. No sabía que buscaría la llamada “iluminación” y de lo que sí que no tenía ni “pajolera” idea, era de que la llamada iluminación que dicen sostener los “maestros” es explicable y no tiene nada de “mágica” ni “mística”.

Recuerdo que poco tiempo después de juntarme con mi actual pareja e irme a vivir con ella, me topé con esta filosofía-religión-experiencia a través de algunos de los libros que ella tenía en su casa. Al principio reaccioné con cierto rechazo respecto de los libros al echarles una ojeada, porque yo vivía sumido en la ideología “oshiana” es decir, de Osho, que abordaba todos los temas mundanos, mientras que el advaita tiene una relación con el mundo muy peculiar mezcla entre rechazo y que lo considera como una mera ilusión, aspecto que iré abordando y explicando con calma más adelante.

Creo oportuno hacer una breve mención a ciertos episodios de mi infancia primero para introducir algunas ideas que usaré durante la exposición del Advaita.

Cuando era pequeño, a los 7, a los 9 y a los 13-14 tuve unas experiencias “raras” a plena luz del día (una en el aeropuerto de Milán, otra en el corte inglés de Oviedo y la última en el parque paseando a mi perrita dálmata Molly nuevamente en la capital asturiana). Las tres experiencias tenían los mismos elementos, que en aquel tiempo no sabía que eran ni lo que significaban.

De repente, en esas experiencias, toda actividad de la mente racional se detuvo, la sensación del espacio tiempo cambió por completo, ya no importaban ni el espacio ni el tiempo, yo seguía de pie y haciendo lo que fuera que hiciese, pero mi experiencia, mi percepción de la realidad era que yo era uno con todo y que todo formaba parte de mi ser, parecía como si hubiese entrado en un mundo de sueño, todo parecía en realidad tener un sustrato irreal, como un sueño.

De muy pequeño recuerdo perfectamente los momentos previos al incidente, en el primero de los casos estaba intentando empujar de esos carritos pequeños para transportar equipaje de mano que hay en la zona de embarque del aeropuerto Milan Malpensa camino de mi eslovaquia para ir de vacaciones (que cachondo el nombre Milán Mal-pensa ahora que me doy cuenta aajajjaja el pensamiento me dejó de funcionar) cuando de repente mi estado de consciencia normal se alteró y empecé a vivenciarme conforme a la descripción que he dado arriba, nada diferente de las descripciones que hacen los supuestos “iluminados” (que de iluminados solamente poseen el nombre).

No es que fuese incapaz de hablar ni nada, pero hablar me parecía irrelevante dado que me percibía a mí mismo como todo lo que percibía, por tanto, no había nada que decir, nada importaba ya y al mismo tiempo había una sensación de mucha paz interior aparejada a este estado. Estaba como en una nube, en estado de vigilia, pero ya no sentía separación alguna entre mí y el resto del aeropuerto, mi hermana, mi madre, la gente que pasaba, los aviones que veía por las cristaleras. Este estado duró poco menos de media hora y luego volví a mi estado de consciencia normal.

Algo parecido me pasó en el corte inglés de oviedo, nuevamente empujando un carrito, éste de la compra ajajaja (¿será que los carritos “iluminan” a “la peña”?, quizás debería montar un negocio de iluminación con carritos, le pongo un nombre resultón como el “Budha sobre ruedas” o “the Rolling Budha y preparo unos talleres de iluminación en los que haga a la gente empujar carritos hasta que se “iluminen” es decir, les pase un trance solipsista ajajajja).

Bromas aparte, la experiencia que viví “se veía y percibía” muy real. Lo curioso era que desde ese estado el otro realmente no existía, es un estado en el que al otro ya no le ves como un complejo ser con su mentalidad, sus inquietudes, su propia vivencia interior separada de la tuya, etc… no no no, el otro es una prolongación, una extensión de tí mismo, pero tampoco es que el “tí mismo” sea importante, simplemente es y eso es todo lo que hay que saber, que eres y que todo eres tú. Esta experiencia fué más breve que la anterior, puede que no superase los 15 minutos.

La última vez que me pasó de esas maneras no intencionadas fué a solas paseando a mi perra por el parque, recuerdo el momento exacto en el que baja unas escaleras que iban desde la calle de encima del parque hacia una zona de cemento grande semicircular en la que solía tirarle la pelota a Molly. Después de un par de escalones “yo” como solía conocerme ya no estaba, mis límites habían desaparecido y se habían extendido para dar cabida a TODO LITERALMENTE. El árbolito recien plantado a mi lado era yo, las escaleras, las sensaciones, el aire, las personas, los ruidos, absolutamente todo era yo. Este estado de trance duró poco más de 10 minutos, lo que tardé en pasear a molly, que literalmente en esos momento no era pasear a molly sino pasearme a mí mismo dentro de mí mismo.

Ni entendía que fueron estas experiencias (satoris los llaman: algún buen nombre misterioso debían tener para fascinar bien al público y hacerle creer que es algo muy muy especial que solo cuatro pueden experimentar) ni me importaron lo más mínimo, seguía con mis cosas y me olvidé.

No tenía ni idea de que entre 15 y 20 años después de aquellas experiencias, las revisitaría esta vez a “voluntad” (aunque ya explicaré qué clase de voluntad me refiero), en lo que he llegado a conocer y a entender como estados de trance solipsista, que nada tienen que ver con iluminación alguna de origen espiritual, sino con una serie de desajustes de la percepción, la asimilación de un conjunto de ideologías nefastas y erroneas en combinación con unos hábitos alimenticios, de meditación y de vida que llevaban a la desestructuración del sentido de la propiocepción y de lo que comúnmente conocemos como personalidad.

Recuerdo estar sosteniendo, allá por la primavera de 2008 un libro en mis manos por primera vez, que se titulaba “Yo soy eso” y los cabreos que me ocasionó el advaita con mi pareja en aquel entonces, ante mi negativa de abandonar ideológicamente a mi, en aquel tiempo, “amado” Osho…

Continuará en la parte II…

2 opiniones en “Mi experiencia con el Vedanta Advaita (I)”

  1. Bienvenido al mundo real Marko, seguro que aquí nos entendemos también
    Estoy en París. A ver si nos vemos a la vuelta. Un besazo amigo.

    1. Hola Ana,

      Justo comentabamos sobre tu “desaparición” ajajaja y estás en París. Disfruta.

      Claro que aquí nos entenderemos también en el mundo real educación, cuidado y acción y puede que hagamos grandes avances.

      No hay que desistir. Un abrazo y nos hablamos. gracias por comentar!

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