[:es]Cómo terminar con la niñofobia en nuestras sociedades[:]

[:es]He aquí los argumentos que me llevan a sostener que vivimos en una sociedad niñofóbica por si no los leíste.

¿Preparados? Vamos con las soluciones principales:

  • Reconocer el derecho de voto a los niños mediante sus tutores legales.
  • Reconocer el derecho de voto a los jóvenes bajo autorización parental.

Es decir, que los padres, al igual que eligen la ropa, el colegio, las actividades, la alimentación y todas las demás cosas por los niños pequeños, puedan elegir también a quién va el voto en representación de sus hijos mientras éstos no lo puedan hacer ellos mismos y bajo autorización parental aquellos jóvenes que lo deseen hasta cumplir la mayoría de edad.

Si los tutores legales asumen todas las responsabilidades es coherente que así mismo asuman los derechos que de ellas se derivan.

Dejar de considerar el poder como el monopolio de los seres humanos a partir de una edad aleatoria como los 18 años y considerar seres humanos con derecho a representación en el poder a todos y cada uno de ellos, sin discriminarles por edad.

Si queremos hablar de legitimidad del sistema democrático, es imperativo que éste represente realmente al 100% de la población de un país, no a ciertos grupos mayoritarios y en exclusión de otros por motivos de edad.

La discriminación por edad atenta contra las leyes internacionales y sobretodo atenta contra la ley natural que deja clara la dignidad intrínseca de cada ser humano por igual independientemente de condición alguna.

Todos contamos lo mismo.

  • Detener la discriminación a la infancia y la juventud por parte de la sociedad y la propia familia mediante procedimientos de reparación.

Las evidencias del daño humano que provoca el abuso y discriminación infantil son abrumadoras e irrefutables.

Basándonos en el derecho natural de toda persona a la legítima auto-defensa, la sociedad debe reconocer legalmente la vulnerabilidad del colectivo infantil y juvenil para poder aplicar dicho principio dado que dependen económica, emocional, mental y hasta físicamente del entorno familiar en el que viven, estableciendo por tanto un mecanismo de compensación para que dicho derecho pueda ser aplicado y reparado.

Por tanto la solución no es ni ignorar los constantes abusos y discriminaciones de muchos padres y familiares hacia la infancia y juventud como en la actualidad, ni retirar la custodia legal a los mismos y hacer que el Estado se ocupe de los niños y jóvenes a la primera de cambio como hacen en ciertos países supuestamente avanzados (salvo riesgos de muerte demostrados).

La solución a la discriminación y abuso infantil y juvenil es la severa penalización económica de todas las acciones de abuso y discriminación perpetradas y demostradas con pruebas, llevadas a cabo por la sociedad y los adultos hacia la infancia y juventud mediante multas a los adultos cuyo importe se deposite en cuentas bancarias bloqueadas a nombre del niño o joven hasta su mayoría de edad legal.

Es decir, desincentivar económicamente el abuso y discriminación a la infancia y juventud.

  • Detener la micro-explotación laboral infantil en los paises desarrollados.

Al igual que el punto anterior, en nuestra sociedad está normalizado un hecho despreciable que daña la dignidad y el valor creativo, innovador y bienhechor de la infancia y la juventud en el ámbito laboral público y privado, a saber: la sustitución de una compensación económica justa por los servicios realizados en favor de cualquiera que sea la entidad pública o privada de turno por migajas, sonrisas, regalitos y toda clase de supercherías.

Grandes empresas y entidades semi-gubernamentales se lucran con las ideas obtenidas de equipos de niños y jóvenes que hacen prácticas, concursos y toda clase de ingeniosos “eventos” que organizan dichos entes, mediante los cuales estas inciativas mas o menos privadas obtienen ideas, patentes, soluciones a sus problemas de todo tipo sin tener que pagar los correspondientes servicios laborales a cambio de cuatro detalles, un viaje, unos bocadillos y un par de palmaditas en la espaldad a los niños y jóvenes.

Al igual que en el punto anterior. Todo servicio laboral prestado por la infancia y juventud a empresas del ámbito privado y público ha de verse retribuido en su misma medida sin discriminación por edad, depositando las ganancias legítimas en la cuenta bancaria bloqueada del niño o joven hasta que cumpla su mayoría de edad. Las empresas van a ganar millones con las ideas y soluciones de los más pequeños y jóvenes. No hay mejor sindicato que unos padres que quieren el bien de sus hijos y median con las instituciones para que no tomen el pelo a sus hijos. Retribución justa. Fin de la micro-explotación laboral. Punto.

  • Detener la explotación laboral infantil en paises subdesarrollados.
  • Detener el abandono infantil debido al modelo económico capitalista.

En primer lugar es imperativo llevar a juicio los casos existentes de explotación laboral infantil.

Dicho esto, hay que revertir las condiciones que han llevado a la externalización de las empresas a paises asiáticos donde hay niños y jóvenes trabajando prácticamente por comida. Para hacer esto no valen las recetas propuestas por la derecha (dejar todo como está) ni por la izquierda (hacer pagar a los más ricos) ya que ambas recetas acentúan el problema en vez de resolverlo.

El robo del dinero parental fruto de su legítimo trabajo (llamado impuestos) que les obliga  a trabajar el doble y les obliga a pasar -50% tiempo con sus hijos es la causa principal de daño a la infancia y juventud en el plano emocional, orígen este, de una plétora de desequilibrios sociales.

El Estado extorsiona coercitivamente entorno al 50% del dinero procedente del legítimo trabajo de las personas y sus empresas vía impuestos varios. El problema reside en que se roba dinero que pertenece al individuo, ya que lo ha creado él con su trabajo, para pagar las cuestiones públicas, haciendo que las personas se vean obligadas a trabajar prácticamente la mitad del tiempo para el Estado bajo pena de multa y cárcel. Es decir, es una situación de robo con violencia legalizada perpetrada por aquellos que además están armados y tienen los medios para obligarte.

Esta situación tiene un terrible efecto en nuestra sociedad: “quema” a los padres, les hace sentir que dan mucha más energía de lo que reciben en el sueldo procedente del trabajo y les hace indisponibles física (demasiadas horas en el trabajo) y emocionalmente indisponibles (quemados por dar más de lo que reciben). Es decir, los niños son negligidos, no por culpa de los padres, sino por culpa del modelo económico capitalista que motiva esta dinámica de abandono.

Sólo hace falta preguntarse cuánta disponibilidad tiene uno para escuchar a los demás, mostrar empatía y tener calidad de vida cuando se está agotado y con la sensación de dar sin recibir la retribución justa a cambio.

La solución a los dos problemas, distantes entre ellos en apariencia, es la misma y no está en boca ni de la derecha ni de la izquierda, aunque sí de un centro político que aún está por surgir y que convencerá a ambos:

Hay que detener el robo de la riqueza individual derivada del trabajo y del capital, es decir abolir completamente los impuestos actuales a las personas y sus iniciativas empresariales y financiar el sector público a partir del valor de aquello que no ha sido creado por persona alguna y con lo que nadie debe lucrarse individualmente: el valor de la tierra, los recursos naturales y los monopolios naturales.

Un modelo socio-económico que no aboga ni por perjudicar al capital ni perjudicar al trabajo, sino beneficiar a ambos a la vez que protege el medio ambiente que a su vez permite que ambos, trabajo y capital, puedan tener lugar. Sería el fín del capitalismo terrible que tenemos hoy en día y el inicio del geoismo.

Esto provocaría una reindustrialización de los paises occidentales, ya que, liberados de los impuestos, las empresas optarían por quedarse cerca del consumidor y no irse a producir a China, así como que se daría la recuperación de la cadena logística occidental que se ha mudado a oriente, provocando el retorno de las empresas productoras occidentales a suelo occidental, con su consecuente impacto en la economía, la creación de puestos de trabajo y el fin de la esclavitud infantil por parte de las empresas occidentales en el extremo oriente.

Esto tendría un efecto rebote en oriente próximo, donde caería fuertemente el PIB, habría un enorme paro y provocaría a medio plazo casi con total seguridad el fin del modelo dictatorial comunista y el avance social, político y económico, eso dejando caer el hecho de que al terminar con los impuestos al capital y el IVA, los precios de los productos occidentales podrían competir contra los chinos. A mismo precio, la calidad se vuelve lo importante. Fin de la obsolencia programada.

Asimismo, el hecho de terminar con los impuestos directos e indirectos como los conocemos hoy en día, propiciaría que muchos padres renunciasen a trabajar tanto, en aras de pasar más tiempo con sus hijos. Ello redundaría en una mayor bolsa de trabajo disponible y una consecuente bajada generalizada del paro. Asimismo, los padres, viéndose liberados de las trabas burocráticas para emprender un negocio, se verían en la capacidad de cambiar sus intereses laborales con mucha mayor facilidad, orientándose hacia sus gustos y no hacia la obligada tarea “solo por dinero” para dar de comer a los hijos a la que tan acostumbrados nos tiene el capitalismo.

Ambos factores redundarían en un fuerte incremento de la calidad de las relaciones de los adultos con la infancia y juventud y la consecuente bajada en lo referente a enfermedades y pulsiones consumistas, de origen o vinculadas a las carencias afectivas de todo tipo y sobretodo, a la calidad de las relaciones y la calidad de vida en general.

  • Detener los abusos al cuerpo de los niños y jóvenes judicialmente.

Ya sea que se haga en aras de la tradición o en aras de la modernidad, deben castigarse los atentados y las invasiones al cuerpo de los niños, desde prácticas de amputación del prepucio/clítoris, pasando por cambios de sexo, procesos hormonales inducidos externamente, perforaciones del cuerpo por motivos “estéticos”, privación de alimentación y un desgraciadamente largo etcétera de barbaridades que transgreden el principio de no-agresión han de ser fuertemente penalizados.

La violencia contra los niños debe ser penada con severas multas cuya cuantía ha de ir a parar a cuentas a nombre de los niños bloqueadas hasta su mayoría de edad, así como la posible retirada de custodia en los casos en los que la integridad física del niño corra peligro.

Todas y cada una de estas cuestiones competen a los afectados, que son los niños, que, llegado el momento, decidirán libremente sobre qué desean hacer o no con su cuerpo una vez no dependan económicamente de sus tutores legales y sus presiones.

  • Despenalizar la no-escolarización y penar la negación a la educación.

La educación no debe ser monopolio de nadie, mucho menos del Estado. De hecho el monopolio de la educación solamente puede conseguirse cuando se obliga a la gente a pasar por determinada educación, ya sea de intereses públicos o privados mediante la violencia. No se puede educar en valores como libertad forzando la voluntad de los más débiles a someterse. Es una contradicción manifiesta y una falta a la ley natural que establece el principio de no-agresión.

La escolarización debe ser voluntaria sin perjuicio de que se actúe contra aquellos tutores legales que nieguen formación a los niños y jóvenes.

Asimismo el sector público puede mantener las examinaciones de paso de grado como cuestiones voluntarias a las que las personas se tengan que someter si sus futuros trabajos lo exigen, no por defecto.

La libertad de pensamiento y de transmisión de conocimiento es fundamental. Sin ello se discrimina y daña la intelectualidad infantil y juvenil y el futuro de todos.

Asimismo el Estado debe estar disponible para suplir las deficiencias en la educación de la persona que fuese ya sea multando a los tutores legales cuando se demuestre que niegan la educación a su hijo con el mismo criterio de desembolso en cuenta bloqueada hasta la mayoría de edad.

Una vez alcanzada la mayoría de edad, si la persona así lo requiere, puede optar a educación pública para completar su formación básica. La educación pública deberá por tanto existir para estas personas y centrarse en transmitir los conocimientos básicos para desenvolverse en la vida moderna.

Esas son, a mi parecer las medidas más importantes que deberían tomarse de inmediato para terminar con la niñofobia presente en nuestras sociedades.

Saludos

Marko-Karlo Vlahovič[:]

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