El cuerpo interno… el gran “olvidado”

[:sk]La mayoría de nosotros hemos crecido en una cultura en la cual nos hablaron de lo importante que es cuidar el cuerpo externamente, asearlo, cortarle el pelo, vestirlo y puede que muchas otras cosas más. Puede incluso que hayamos crecido en entornos en los que se daba importancia a la alimentación, a comer equilibrado, a cuidar las cantidades, la sal, los azúcares etc… Así que a cierto nivel, tanto externa como internamente nos hemos acostumbrado a tener atención en estas cuestiones.

¿Pero verdad que nadie nos ha hablado del lenguaje de nuestro cuerpo? ¿de cómo escucharlo? ¿para qué sirve?….

Hace mucho tiempo hubo un periodo en el que el lenguaje de nuestro cuerpo era el único que conocíamos. Sentíamos hambre, la necesidad de alimento se hacía patente e inmediatamente sin tener que hacer nada comenzabamos a llorar instintívamente. Sentíamos alegría en el cuerpo y la risa afloraba sin ninguna dificultad. La conexión entre nuestras necesidades y la capacidad para expresarlas era total. También lo era la conexión con prácticamente todos nuestros estados anímicos.

La sensación del cuerpo era el mecanismo exquisito que momento a momento nos contaba acerca del estado del cuerpo, a modo de un superordenador sofisticadísimo que nos enviaba justamente la información que necesitabamos saber a través de las sensaciones.  Este cuerpo que realiza en cada instante más de 15000 funciones biológicas, sabe hacer cosas que a uno le dejan con la boca abierta y también viene equipado con un sistema de comunicación para interactuar con la consciencia: las sensaciones corporales.

Entonces, ¿ qué ha cambiado de aquel remoto tiempo al presente? Nada.

Las sensaciones siguen siendo exquisitamente complejas y cargadas de información valiosísima acerca de montones de cosas (qué me sienta bien comer, cuánto necesito dormir, con qué personas me siento agusto, qué ambientes son nutritivos para mi y cuáles no lo son), lo que ocurre es que la consciencia está a otra cosa…. a otra cosa llamada mente.

La mente de una manera muy paulatina y prácticamente inadvertida a ido usurpando prácticamente toda la atención de nuestra consciencia, hasta erigirse a sí misma en centro total de atención en todo momento.

Obviamente muchas cosas del quehacer diario implican el necesario uso de la mente práctica, pero infinidad de ellas no. Hasta el punto que actualmente la inmensa mayoría de los seres humanos no podemos simplemente observar un objeto sin automáticamente etiquetarlo mentalmente, no podemos escuchar algo sin catalogarlo o relacionarlo… vaya, que nos hemos convertido muchos en una especie de mente con patas.

En este proceso el gran “olvidado” ha sido el cuerpo, que sigue las 24h del día a nuestro servicio, pero con la dificultad de que rara vez le escuchamos. Nos hemos desacostumbrado de escuchar los ritmos energéticos del cuerpo, sus sutiles y hasta cosas tan básicas como sus ganas de dormir o comer.

Hasta hemos sustituido la excitación sexual mental por la energía sexual corporal a la hora de hacer el amor.

Pues bien, llegado a este punto la pregunta sería ¿es un proceso irreversible el haberme alejado tanto de la sabiduría y lenguaje de mi cuerpo o puedo hacer algo para recuperar esta capacidad que en su momento me mantenía estrechamente vinculado al amor y la consciencia del momento presente?

Hace 6 años, cuando por primera vez escuché que el camino para aprender a gestionar mis conflictos era aprender a sentir pensé: “menuda gilipollez, pero si yo ya siento”, pero ahora no me queda otra opción que admitir que en aquel momento lo que yo llamaba sentir era la etiqueta que mi mente ponía a las sensaciones, abreviando: pensaba que sentía, no sentía.

Si ahora mismo decides parar toda actividad externa que estes haciendo por unos instantes y centras tu atención, toda tu atención, en tu interior, lo primero que aparecerán serán un tropel de pensamientos uno detrás de otro. Si no te identificas con ellos y los dejas pasar manteniendo tu atención en tu interior, suavemente la mente irá relajandose y callando. Cuando el cuerpo se mantiene aquietado, relajado y tu consciencia centrada en tu interior eventualmente comienzan a aflorar las sensaciones del cuerpo, la verdad de tu cuerpo en este preciso instante.

Esto se puede sentir de infinitas maneras: una sutil vibración en tus manos, pies, barriguita o pecho. También como sensaciones muy concretas en zonas muy específicas: tensión en una zona del cuello, relax y expansión en las rodillas…. lo que sea. Es el hábito de escuchar este idioma interior del cuerpo durante el día, el que gradualmente va retirando parte de la energía y atención que normalmente dedicábamos a la identificación con la mente parlanchina y así se crea espacio interior… espacio para observar, sentir y ser conscientemente.

Esto es básicamente conectar con el cuerpo interno y conectar con la fuente de vida que constantemente fluye y cambia en tu interior… todo un viaje en sí mismo que merece la pena hacer.[:es]La mayoría de nosotros hemos crecido en una cultura en la cual nos hablaron de lo importante que es cuidar el cuerpo externamente, asearlo, cortarle el pelo, vestirlo y puede que muchas otras cosas más. Puede incluso que hayamos crecido en entornos en los que se daba importancia a la alimentación, a comer equilibrado, a cuidar las cantidades, la sal, los azúcares etc… Así que a cierto nivel, tanto externa como internamente nos hemos acostumbrado a tener atención en estas cuestiones.

¿Pero verdad que nadie nos ha hablado del lenguaje de nuestro cuerpo? ¿de cómo escucharlo? ¿para qué sirve?….

Hace mucho tiempo hubo un periodo en el que el lenguaje de nuestro cuerpo era el único que conocíamos. Sentíamos hambre, la necesidad de alimento se hacía patente e inmediatamente sin tener que hacer nada comenzabamos a llorar instintívamente. Sentíamos alegría en el cuerpo y la risa afloraba sin ninguna dificultad. La conexión entre nuestras necesidades y la capacidad para expresarlas era total. También lo era la conexión con prácticamente todos nuestros estados anímicos.

La sensación del cuerpo era el mecanismo que momento a momento nos contaba acerca del estado del cuerpo, a modo de un superordenador sofisticadísimo que nos enviaba justamente la información que necesitabamos saber a través de las sensaciones.  Este cuerpo que realiza en cada instante más de 15000 funciones biológicas distintas, sabe hacer cosas que a uno le dejan con la boca abierta y también viene equipado con un sistema de comunicación para interactuar con la consciencia: las sensaciones corporales.

Entonces, ¿qué ha cambiado de aquel remoto tiempo al presente? Nada.

Las sensaciones siguen siendo exquisitamente complejas y cargadas de información valiosísima acerca de montones de cosas (qué me sienta bien comer, cuánto necesito dormir, con qué personas me siento agusto, qué ambientes son “nutritivos” para mi y cuáles no lo son), lo que ocurre es que la consciencia está a otra cosa…. a otra cosa.

La mente de una manera muy paulatina y prácticamente inadvertida a ido usurpando una parte de la atención de nuestra consciencia, hasta erigirse a sí misma en centro total de atención en todo momento.

Obviamente muchas cosas del quehacer diario implican el necesario uso de la mente práctica, muchas otras del ámbito de la reflexión y el cuestionamiento también… pero muchas otras no.

En este proceso el gran “olvidado” ha sido el cuerpo, que sigue las 24h del día a nuestro servicio, pero con la dificultad de que rara vez le escuchamos. Nos hemos desacostumbrado de escuchar los ritmos energéticos del cuerpo (energía-cansancio), sus cambios sutiles y hasta cosas tan básicas como sus ganas de dormir o comer.

Hasta culturalmente hemos sustituido la excitación corporal natural del contacto entre humanos que se atraen por la energía sexual mental que anticipa todo encuentro y no da espacio a la realidad biológica.

Pues bien, llegado a este punto la pregunta sería ¿es un proceso irreversible el haberme alejado tanto de la sabiduría y lenguaje de mi cuerpo para las cuestiones que le atañen o puedo hacer algo para recuperar esta capacidad que en su momento me mantenía estrechamente vinculado a él en todo momento?

Hace años, cuando por primera vez escuché que el camino para aprender a gestionar mis conflictos era aprender a sentir pensé: “menuda gilipollez, pero si yo ya siento”, pero ahora no me queda otra que admitir que en parte, en aquel momento lo que yo llamaba sentir era la etiqueta que mi mente ponía a las sensaciones, abreviando: pensaba que sentía, no sentía atentamente, con consciencia.

Si ahora mismo decides parar toda actividad externa que estes haciendo por unos instantes y centras tu atención, toda tu atención, en tu interior, en tu cuerpo, lo primero que puede que aparezca sea un tropel de pensamientos uno detrás de otro. Si no te identificas mucho con ellos y los dejas pasar manteniendo tu atención en tu interior, en tu cuerpo, suavemente la mente irá relajandose y callando. Cuando el cuerpo se mantiene aquietado, relajado y tu consciencia centrada en tu interior eventualmente comienzan a aflorar las sensaciones del cuerpo, la verdad de tu cuerpo en este preciso instante.

Esto se puede sentir de infinitas maneras: una sutil vibración en tus manos, pies, barriguita o pecho. También como sensaciones muy concretas en zonas muy específicas: tensión en una zona del cuello, relax y expansión en las rodillas…. lo que sea. Es el hábito de escuchar este idioma interior del cuerpo durante el día, el que dota de una dimesión más profunda a nuestra vivencia de la vida, digamos que la enriquece.

Esto es básicamente conectar con el cuerpo interno y conectar con la fuente de vida que constantemente fluye y cambia en tu interior… todo un viaje en sí mismo que merece la pena hacer para dotar de un ambiente más fértil a tu, a mi, a nuestra experiencia humana.[:en]La mayoría de nosotros hemos crecido en una cultura en la cual nos hablaron de lo importante que es cuidar el cuerpo externamente, asearlo, cortarle el pelo, vestirlo y puede que muchas otras cosas más. Puede incluso que hayamos crecido en entornos en los que se daba importancia a la alimentación, a comer equilibrado, a cuidar las cantidades, la sal, los azúcares etc… Así que a cierto nivel, tanto externa como internamente nos hemos acostumbrado a tener atención en estas cuestiones.

¿Pero verdad que nadie nos ha hablado del lenguaje de nuestro cuerpo? ¿de cómo escucharlo? ¿para qué sirve?….

Hace mucho tiempo hubo un periodo en el que el lenguaje de nuestro cuerpo era el único que conocíamos. Sentíamos hambre, la necesidad de alimento se hacía patente e inmediatamente sin tener que hacer nada comenzabamos a llorar instintívamente. Sentíamos alegría en el cuerpo y la risa afloraba sin ninguna dificultad. La conexión entre nuestras necesidades y la capacidad para expresarlas era total. También lo era la conexión con prácticamente todos nuestros estados anímicos.

La sensación del cuerpo era el mecanismo exquisito que momento a momento nos contaba acerca del estado del cuerpo, a modo de un superordenador sofisticadísimo que nos enviaba justamente la información que necesitabamos saber a través de las sensaciones.  Este cuerpo que realiza en cada instante más de 15000 funciones biológicas, sabe hacer cosas que a uno le dejan con la boca abierta y también viene equipado con un sistema de comunicación para interactuar con la consciencia: las sensaciones corporales.

Entonces, ¿ qué ha cambiado de aquel remoto tiempo al presente? Nada.

Las sensaciones siguen siendo exquisitamente complejas y cargadas de información valiosísima acerca de montones de cosas (qué me sienta bien comer, cuánto necesito dormir, con qué personas me siento agusto, qué ambientes son nutritivos para mi y cuáles no lo son), lo que ocurre es que la consciencia está a otra cosa…. a otra cosa llamada mente.

La mente de una manera muy paulatina y prácticamente inadvertida a ido usurpando prácticamente toda la atención de nuestra consciencia, hasta erigirse a sí misma en centro total de atención en todo momento.

Obviamente muchas cosas del quehacer diario implican el necesario uso de la mente práctica, pero infinidad de ellas no. Hasta el punto que actualmente la inmensa mayoría de los seres humanos no podemos simplemente observar un objeto sin automáticamente etiquetarlo mentalmente, no podemos escuchar algo sin catalogarlo o relacionarlo… vaya, que nos hemos convertido muchos en una especie de mente con patas.

En este proceso el gran “olvidado” ha sido el cuerpo, que sigue las 24h del día a nuestro servicio, pero con la dificultad de que rara vez le escuchamos. Nos hemos desacostumbrado de escuchar los ritmos energéticos del cuerpo, sus sutiles y hasta cosas tan básicas como sus ganas de dormir o comer.

Hasta hemos sustituido la excitación sexual mental por la energía sexual corporal a la hora de hacer el amor.

Pues bien, llegado a este punto la pregunta sería ¿es un proceso irreversible el haberme alejado tanto de la sabiduría y lenguaje de mi cuerpo o puedo hacer algo para recuperar esta capacidad que en su momento me mantenía estrechamente vinculado al amor y la consciencia del momento presente?

Hace 6 años, cuando por primera vez escuché que el camino para aprender a gestionar mis conflictos era aprender a sentir pensé: “menuda gilipollez, pero si yo ya siento”, pero ahora no me queda otra opción que admitir que en aquel momento lo que yo llamaba sentir era la etiqueta que mi mente ponía a las sensaciones, abreviando: pensaba que sentía, no sentía.

Si ahora mismo decides parar toda actividad externa que estes haciendo por unos instantes y centras tu atención, toda tu atención, en tu interior, lo primero que aparecerán serán un tropel de pensamientos uno detrás de otro. Si no te identificas con ellos y los dejas pasar manteniendo tu atención en tu interior, suavemente la mente irá relajandose y callando. Cuando el cuerpo se mantiene aquietado, relajado y tu consciencia centrada en tu interior eventualmente comienzan a aflorar las sensaciones del cuerpo, la verdad de tu cuerpo en este preciso instante.

Esto se puede sentir de infinitas maneras: una sutil vibración en tus manos, pies, barriguita o pecho. También como sensaciones muy concretas en zonas muy específicas: tensión en una zona del cuello, relax y expansión en las rodillas…. lo que sea. Es el hábito de escuchar este idioma interior del cuerpo durante el día, el que gradualmente va retirando parte de la energía y atención que normalmente dedicábamos a la identificación con la mente parlanchina y así se crea espacio interior… espacio para observar, sentir y ser conscientemente.

Esto es básicamente conectar con el cuerpo interno y conectar con la fuente de vida que constantemente fluye y cambia en tu interior… todo un viaje en sí mismo que merece la pena hacer.[:rs]La mayoría de nosotros hemos crecido en una cultura en la cual nos hablaron de lo importante que es cuidar el cuerpo externamente, asearlo, cortarle el pelo, vestirlo y puede que muchas otras cosas más. Puede incluso que hayamos crecido en entornos en los que se daba importancia a la alimentación, a comer equilibrado, a cuidar las cantidades, la sal, los azúcares etc… Así que a cierto nivel, tanto externa como internamente nos hemos acostumbrado a tener atención en estas cuestiones.

¿Pero verdad que nadie nos ha hablado del lenguaje de nuestro cuerpo? ¿de cómo escucharlo? ¿para qué sirve?….

Hace mucho tiempo hubo un periodo en el que el lenguaje de nuestro cuerpo era el único que conocíamos. Sentíamos hambre, la necesidad de alimento se hacía patente e inmediatamente sin tener que hacer nada comenzabamos a llorar instintívamente. Sentíamos alegría en el cuerpo y la risa afloraba sin ninguna dificultad. La conexión entre nuestras necesidades y la capacidad para expresarlas era total. También lo era la conexión con prácticamente todos nuestros estados anímicos.

La sensación del cuerpo era el mecanismo exquisito que momento a momento nos contaba acerca del estado del cuerpo, a modo de un superordenador sofisticadísimo que nos enviaba justamente la información que necesitabamos saber a través de las sensaciones.  Este cuerpo que realiza en cada instante más de 15000 funciones biológicas, sabe hacer cosas que a uno le dejan con la boca abierta y también viene equipado con un sistema de comunicación para interactuar con la consciencia: las sensaciones corporales.

Entonces, ¿ qué ha cambiado de aquel remoto tiempo al presente? Nada.

Las sensaciones siguen siendo exquisitamente complejas y cargadas de información valiosísima acerca de montones de cosas (qué me sienta bien comer, cuánto necesito dormir, con qué personas me siento agusto, qué ambientes son nutritivos para mi y cuáles no lo son), lo que ocurre es que la consciencia está a otra cosa…. a otra cosa llamada mente.

La mente de una manera muy paulatina y prácticamente inadvertida a ido usurpando prácticamente toda la atención de nuestra consciencia, hasta erigirse a sí misma en centro total de atención en todo momento.

Obviamente muchas cosas del quehacer diario implican el necesario uso de la mente práctica, pero infinidad de ellas no. Hasta el punto que actualmente la inmensa mayoría de los seres humanos no podemos simplemente observar un objeto sin automáticamente etiquetarlo mentalmente, no podemos escuchar algo sin catalogarlo o relacionarlo… vaya, que nos hemos convertido muchos en una especie de mente con patas.

En este proceso el gran “olvidado” ha sido el cuerpo, que sigue las 24h del día a nuestro servicio, pero con la dificultad de que rara vez le escuchamos. Nos hemos desacostumbrado de escuchar los ritmos energéticos del cuerpo, sus sutiles y hasta cosas tan básicas como sus ganas de dormir o comer.

Hasta hemos sustituido la excitación sexual mental por la energía sexual corporal a la hora de hacer el amor.

Pues bien, llegado a este punto la pregunta sería ¿es un proceso irreversible el haberme alejado tanto de la sabiduría y lenguaje de mi cuerpo o puedo hacer algo para recuperar esta capacidad que en su momento me mantenía estrechamente vinculado al amor y la consciencia del momento presente?

Hace 6 años, cuando por primera vez escuché que el camino para aprender a gestionar mis conflictos era aprender a sentir pensé: “menuda gilipollez, pero si yo ya siento”, pero ahora no me queda otra opción que admitir que en aquel momento lo que yo llamaba sentir era la etiqueta que mi mente ponía a las sensaciones, abreviando: pensaba que sentía, no sentía.

Si ahora mismo decides parar toda actividad externa que estes haciendo por unos instantes y centras tu atención, toda tu atención, en tu interior, lo primero que aparecerán serán un tropel de pensamientos uno detrás de otro. Si no te identificas con ellos y los dejas pasar manteniendo tu atención en tu interior, suavemente la mente irá relajandose y callando. Cuando el cuerpo se mantiene aquietado, relajado y tu consciencia centrada en tu interior eventualmente comienzan a aflorar las sensaciones del cuerpo, la verdad de tu cuerpo en este preciso instante.

Esto se puede sentir de infinitas maneras: una sutil vibración en tus manos, pies, barriguita o pecho. También como sensaciones muy concretas en zonas muy específicas: tensión en una zona del cuello, relax y expansión en las rodillas…. lo que sea. Es el hábito de escuchar este idioma interior del cuerpo durante el día, el que gradualmente va retirando parte de la energía y atención que normalmente dedicábamos a la identificación con la mente parlanchina y así se crea espacio interior… espacio para observar, sentir y ser conscientemente.

Esto es básicamente conectar con el cuerpo interno y conectar con la fuente de vida que constantemente fluye y cambia en tu interior… todo un viaje en sí mismo que merece la pena hacer.[:]

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *