El ciclo de la inconsciencia…

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Acabo de ver esta imagen y verdaderamente resulta muy ilustrativa del ciclo de inconsciencia en el que muchos de nosotros hemos crecido en ciertos momentos y también del día a día de muchas personas…

Vamos acumulando y acumulando malestar sin lidiar con el en el día a día. Afortunadamente el cuerpo no puede acumular hasta el infinito y necesita sus válvulas de escape para parte de la tensión interna. Una de ellas es esta: hacer responsable a los demás de nuestras emociones y nuestro malestar.

Hasta el punto de que frases tan comunes como “hay que disgusto me has dado” “no me hagas enfadar” son repetidas por miles de personas sin darnos cuenta que lo que realmente está ocurriendo es que nos vemos sin más herramientas para gestionar lo que nos ocurre que volcar la responsabilidad de ello en otro ser humano. Frases como estas solapan la realidad que en ese momento estamos sintiendo. Algo que está aconteciendo con lo que no estamos cómodos y no queremos, o sabemos hacernos responsables por ello.  Y dado que no lo volcamos en un ser humano más grande y fuerte que nosotros porque nos da miedo las posibles represalias, lo que hacemos es ir volcándolo en el que está inmediatamente inferior en fuerza y tamaño, así el ciclo de inconsciencia en una familia, empresa, institución, etc… a menudo termina en el perro o el hamster, en el asistente, en el novato…

Y con esto, ¿qué hacemos? bueno, pues si comenzamos a observar lo que ocurre dentro nuestro, nos daremos cuenta de que en los momentos que estamos agusto con nosotros mismos y con los demás, no nos cuenta estar presentes en el momento que vivimos, y sin embargo, en el momento en el que el conflicto surge hay una enorme tormenta interior de la que de inmediato queremos salir huyendo lo más rápidamente posible (huyendo hacia delante también) y eso nos hace perder la vivencia consciente del momento presente. Si a modo de experimento comenzasemos a probar darnos unos minutitos de calma, de respirar con atención y de sentir cuando aparece un conflicto, en vez de mantenernos en la lucha con el otro, puede que comencemos a descubrir que en nuestro interior hay un vasto paisaje interior del que rara vez nos percatamos y que hemos estado rechazando durante mucho tiempo… la clave para poner paz en nuestras relaciones pasaría entonces por tener paz en un primer momento con lo que estamos sintiendo para después poder compartirlo con los demás y llevar a cabo aquellas acciones que se precisen, con consciencia y centramiento.

En el mundo del futuro cercano, donde se eduque en consciencia e inteligencia emocional puede que las personas hayamos aprendido a respirar y a sentir antes de reaccionar automáticamente en nuestras relaciones y así seamos cada vez un poco más libres… y así acabemos rompiendo el ciclo de la inconsciencia en nuestras vidas.[:es]ImageAcabo de ver esta imagen y verdaderamente resulta muy ilustrativa del ciclo de inconsciencia en el que muchos de nosotros hemos crecido en ciertos momentos y también del día a día de muchas personas…

Vamos acumulando y acumulando malestar sin lidiar con el en el día a día. Afortunadamente el cuerpo no puede acumular hasta el infinito y necesita sus válvulas de escape para parte de la tensión interna. Una de ellas es esta: hacer responsable a los demás de nuestras emociones y nuestro malestar aunque no lo sean.

Hasta el punto de que frases tan comunes como “hay que disgusto me has dado” “no me hagas enfadar” son repetidas por miles de personas sin darnos cuenta que lo que realmente está ocurriendo es que nos vemos sin más herramientas para gestionar lo que nos ocurre que volcar la responsabilidad de ello en otro ser humano. Frases como estas solapan la realidad que en ese momento estamos sintiendo. Algo que está aconteciendo con lo que no estamos cómodos y no queremos, o sabemos hacernos responsables por ello.  Y dado que no lo volcamos en un ser humano más grande y fuerte que nosotros porque nos da miedo las posibles represalias, lo que hacemos a veces es ir volcándolo en el que está inmediatamente inferior en fuerza y tamaño, así el ciclo de inconsciencia en una familia, empresa, institución, etc… a menudo termina en el perro o el hamster, en el asistente, en el novato…

Y con esto, ¿qué hacemos? bueno, pues si comenzamos a observar lo que ocurre dentro nuestro, nos daremos cuenta de que en los momentos que estamos agusto con nosotros mismos y con los demás, no nos cuenta estar presentes en el momento que vivimos, y sin embargo, en el momento en el que el conflicto surge hay una enorme tormenta interior de la que de inmediato queremos salir huyendo lo más rápidamente posible (huyendo hacia delante también) y eso nos hace perder la vivencia consciente del momento presente y la capacidad para hacernos cargo de lo que nos acontece.

Si a modo de experimento comenzasemos a probar darnos unos minutitos de calma, de respirar con atención y de sentir cuando aparece un conflicto, en vez de mantenernos en la lucha inmediata con el otro, puede que comencemos a descubrir que en nuestro interior hay un vasto paisaje interior del que rara vez nos percatamos y que hemos estado rechazando durante mucho tiempo… la clave para poner paz en nuestras relaciones pasaría entonces por tener la suficiente paz interna un primer momento con lo que estamos sintiendo para después poder compartirlo con los demás y llevar a cabo aquellas acciones que se precisen, con consciencia y centramiento.

En el mundo del futuro, donde se eduque en consciencia e inteligencia emocional además de la inteligencia racional, numérica, lingüistica y científica, puede que las personas hayamos aprendido a respirar y a sentir antes de reaccionar automáticamente tan a menudo en nuestras relaciones y así seamos cada vez un poco más libres… y así acabemos rompiendo el ciclo de la inconsciencia en nuestras vidas.[:en]Image

Acabo de ver esta imagen y verdaderamente resulta muy ilustrativa del ciclo de inconsciencia en el que muchos de nosotros hemos crecido en ciertos momentos y también del día a día de muchas personas…

Vamos acumulando y acumulando malestar sin lidiar con el en el día a día. Afortunadamente el cuerpo no puede acumular hasta el infinito y necesita sus válvulas de escape para parte de la tensión interna. Una de ellas es esta: hacer responsable a los demás de nuestras emociones y nuestro malestar.

Hasta el punto de que frases tan comunes como “hay que disgusto me has dado” “no me hagas enfadar” son repetidas por miles de personas sin darnos cuenta que lo que realmente está ocurriendo es que nos vemos sin más herramientas para gestionar lo que nos ocurre que volcar la responsabilidad de ello en otro ser humano. Frases como estas solapan la realidad que en ese momento estamos sintiendo. Algo que está aconteciendo con lo que no estamos cómodos y no queremos, o sabemos hacernos responsables por ello.  Y dado que no lo volcamos en un ser humano más grande y fuerte que nosotros porque nos da miedo las posibles represalias, lo que hacemos es ir volcándolo en el que está inmediatamente inferior en fuerza y tamaño, así el ciclo de inconsciencia en una familia, empresa, institución, etc… a menudo termina en el perro o el hamster, en el asistente, en el novato…

Y con esto, ¿qué hacemos? bueno, pues si comenzamos a observar lo que ocurre dentro nuestro, nos daremos cuenta de que en los momentos que estamos agusto con nosotros mismos y con los demás, no nos cuenta estar presentes en el momento que vivimos, y sin embargo, en el momento en el que el conflicto surge hay una enorme tormenta interior de la que de inmediato queremos salir huyendo lo más rápidamente posible (huyendo hacia delante también) y eso nos hace perder la vivencia consciente del momento presente. Si a modo de experimento comenzasemos a probar darnos unos minutitos de calma, de respirar con atención y de sentir cuando aparece un conflicto, en vez de mantenernos en la lucha con el otro, puede que comencemos a descubrir que en nuestro interior hay un vasto paisaje interior del que rara vez nos percatamos y que hemos estado rechazando durante mucho tiempo… la clave para poner paz en nuestras relaciones pasaría entonces por tener paz en un primer momento con lo que estamos sintiendo para después poder compartirlo con los demás y llevar a cabo aquellas acciones que se precisen, con consciencia y centramiento.

En el mundo del futuro cercano, donde se eduque en consciencia e inteligencia emocional puede que las personas hayamos aprendido a respirar y a sentir antes de reaccionar automáticamente en nuestras relaciones y así seamos cada vez un poco más libres… y así acabemos rompiendo el ciclo de la inconsciencia en nuestras vidas.[:rs]Image

Acabo de ver esta imagen y verdaderamente resulta muy ilustrativa del ciclo de inconsciencia en el que muchos de nosotros hemos crecido en ciertos momentos y también del día a día de muchas personas…

Vamos acumulando y acumulando malestar sin lidiar con el en el día a día. Afortunadamente el cuerpo no puede acumular hasta el infinito y necesita sus válvulas de escape para parte de la tensión interna. Una de ellas es esta: hacer responsable a los demás de nuestras emociones y nuestro malestar.

Hasta el punto de que frases tan comunes como “hay que disgusto me has dado” “no me hagas enfadar” son repetidas por miles de personas sin darnos cuenta que lo que realmente está ocurriendo es que nos vemos sin más herramientas para gestionar lo que nos ocurre que volcar la responsabilidad de ello en otro ser humano. Frases como estas solapan la realidad que en ese momento estamos sintiendo. Algo que está aconteciendo con lo que no estamos cómodos y no queremos, o sabemos hacernos responsables por ello.  Y dado que no lo volcamos en un ser humano más grande y fuerte que nosotros porque nos da miedo las posibles represalias, lo que hacemos es ir volcándolo en el que está inmediatamente inferior en fuerza y tamaño, así el ciclo de inconsciencia en una familia, empresa, institución, etc… a menudo termina en el perro o el hamster, en el asistente, en el novato…

Y con esto, ¿qué hacemos? bueno, pues si comenzamos a observar lo que ocurre dentro nuestro, nos daremos cuenta de que en los momentos que estamos agusto con nosotros mismos y con los demás, no nos cuenta estar presentes en el momento que vivimos, y sin embargo, en el momento en el que el conflicto surge hay una enorme tormenta interior de la que de inmediato queremos salir huyendo lo más rápidamente posible (huyendo hacia delante también) y eso nos hace perder la vivencia consciente del momento presente. Si a modo de experimento comenzasemos a probar darnos unos minutitos de calma, de respirar con atención y de sentir cuando aparece un conflicto, en vez de mantenernos en la lucha con el otro, puede que comencemos a descubrir que en nuestro interior hay un vasto paisaje interior del que rara vez nos percatamos y que hemos estado rechazando durante mucho tiempo… la clave para poner paz en nuestras relaciones pasaría entonces por tener paz en un primer momento con lo que estamos sintiendo para después poder compartirlo con los demás y llevar a cabo aquellas acciones que se precisen, con consciencia y centramiento.

En el mundo del futuro cercano, donde se eduque en consciencia e inteligencia emocional puede que las personas hayamos aprendido a respirar y a sentir antes de reaccionar automáticamente en nuestras relaciones y así seamos cada vez un poco más libres… y así acabemos rompiendo el ciclo de la inconsciencia en nuestras vidas.[:]

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