Mis experiencias “educativas” con la escuela rusa-soviética de violín III.

Tras no muchos meses de clases particulares, comencé mis estudios de grado elemental de violín con la misma profesora soviética en el conservatorio de Oviedo.

Ahora, tenía clases con la misma profesora dentro del sistema estatal de educación musical y de manera privada en su casa.

Nadie, en todos los años que recibí clases pareció inmutarse por este descarado conflicto de intereses. Pensemos en un profe de matemáticas dando clase en el colegio a un alumno al que luego da clase particular.

Salvo dos o tres períodos de tiempo en los que abandoné el violín temporalmente: por dolores intensos de espalda (ya hablaré de esto) y porque mi madre estaba sin dinero debido al divorcio de mis padres; todo el tiempo estuve recibiendo clases privadas y en institución pública al mismo tiempo.

La manipulación mediante las notas de los alumnos para forzarles a tener clases particulares era y por desgracia sigue siendo una práctica habitual en muchas aulas.

De hecho, esos tres períodos de parón de clases particulares, que en ningún caso superaron los 4 o 5 meses cada uno, resultaron en los tres casos en una bajada de mis notas de violín en el conservatorio. Donde tenía 10 y 9, ahora tenía 5 o 6.

Resulta impensable pensar que en una institución de enseñanza el profesor pueda condicionar la nota del alumno debido al hecho de que acuda o no a clases particulares a su casa con él o ella. De hecho, se trata de un fraude y de una irregularidad en todo su esplendor.

Es un conflicto de intereses y un chantaje económico vía notas.

Un cálculo rápido: los 7 primeros años, por 40 semanas al año teniendo clase particular por 30€ la clase (5000ptas) = 8.400€ (1.400.000 ptas. aprox.)

Más los 6 últimos años que fueron a 50€ por clase, multiplicadas por unas 40 semanas al año teniendo clases = 12.000€ (2.000.000 ptas. aprox.)

Es decir, en total entre los años 1991 y 2003, esta señora recibió 20.400€ en clases particulares, unos 3.4 millones de pesetas.

Entorno a 140€/mes de media durante 12 años. Se dice pronto. Aquí no va incluido nada más. Ni violín, ni cuerdas, ni reparaciones, ni partituras, ni pianistas acompañantes, ni fotocopias, sólo clases.

Aquellos que me conocen, saben que soy georgista y mi posicionamiento respecto al dinero generado por el trabajo, sin embargo, no hay que olvidar que esta señora, al igual que otros profesores soviéticos tenían un salario público y además “daban clases” en dinero negro en sus casas.

Cuando España introdujo el euro, mi exprofesora tuvo que abrirse cuentas bancarias en múltiples entidades para poder convertir los fajos de billetes de pesetas que acumulaba en casa a euros (debido a una regulación legal que no permitía cambiar más de X cantidad por cuenta bancaria). De hecho tenía una mueble con cajones del que me acuerdo, en el que tenía el dinero guardado.

De pequeño me hacía gracia ver cuando le llevaba el dinero a cada clase cómo habría un cajón en el que había muchos billetes y ahí metía sin decir nada lo que le acababa de dar.

Mi ex-profesora en los 13 años de clases que estuve con ella nunca perdonó el pago de una sola clase, ni redujo el precio, aún sabiendo que mis padres se habían divorciado y mi madre tenía dificultades para pagar.

Si lo que te importa es la evolución violinística de tu alumno, aprendes a ceder temporalmente y no antepones el dinero a la educación. Pero, no nos engañemos, en realidad, todo esto era y es un juego de poder y manipulación.

Lo voy a explicar en detalle a continuación:

No solamente muchos de los “pedagogos” soviéticos tenían y tienen rivalidades entre ellos basadas en el poder, el “prestigio” y el dinero.

Había otros profesores rusos, ucranianos, armenios y de otras nacionalidades que cobraban incluso más que mi exprofesora. Y siguen haciéndolo. Un auténtico timo. Muchas veces a alumnos que no tenían muchos medios.

La cuestión es, que para mi exprofesora y para otros profesores soviéticos, sus alumnos de violín eran piezas de ajedrez en un juego puramente personal, que revestían de bienintencionado, pero que era puramente basado en el ego.

En las audiciones dejaban tocar a menudo únicamente a sus mejores alumnos, estableciendo categorías y jerarquías explícitas en sus clases (de esto hablaré más adelante) relegando a una segunda categoría a los alumnos con mayores dificultades o por decirlo con mayor claridad, con menor facilidad natural.

Y es que esta es una de las conclusiones a las que he llegado con el paso del tiempo basándome en mi vivencia, estudio y observación:

En su gran mayoría estos “pedagogos” no tenían ni idea de dar clase de violín, pero sí de hacerse propaganda y aprovechar la facilidad natural de ciertos alumnos. Por lo que en realidad, lo único que hacían era filtrar a los alumnos que venían según su grado de facilidad natural para abordar el violín y entender la situación patológica y adaptarse a ella.

Aquellos que por su naturaleza física eran más flexibles o resistentes y les resultaba más fácil tocar, esos eran promovidos y posicionados en el estatus de pertenecientes a la élite de la clase.  Aquellos que por su naturaleza más narcisista o psicopática no tenían tantos impedimentos morales o emocionales y no caían pues, en ninguna “disrupción” en su carrera esos eran los que llegaban los primeros, gozaban de los favores y de los enchufes.

El fenómeno no dista en absoluto del descrito por Andrej Lobaczewski en su libro sobre la ponerología política, solo que aplicada a la enseñanza del violín.

Ocurría un natural proceso de filtrado en el transcurso del tiempo: aquellos alumnos incapaces de lidiar con la presión e intolerancia de estos “pedagogos” iban abandonando el violín, eso sí, habiendo desembolsado buenas cantidades de dinero previamente y en la clase iban quedando aquellos que podían aún aguantar el maltrato de los profesores y el pago de clases.

No debería extrañarle a nadie que para crear una generación de “estrellas” soviéticas del violín, muchísimas miles de niñas y niños, de jóvenes y adolescentes hayan sido aplastados, moral, emocional y a veces hasta físicamente por esta psicopática “escuela” y sus métodos.

No hay que olvidar que de hecho, el dilema fundamental de la calidad de su educación reposa bajo las columnas de estas dinámicas educativas patológicas:

Cuando un alumno de violín toca bien, ya sea en una clase abierta, en una audición, concurso o concierto, se atribuye el éxito a su profesor por la hazaña del alumno. Cuando el alumno falla, fracasa o abandona, la culpa se le atribuye al alumno, por falta de talento , estudio o cualquiera que sea.

Un poco como si vas a una zapatería, te compras unos zapatos, pero al llegar a casa descubres que son una mierda, que la calidad es malísima. Decides volver a la tienda y la persona que te atiende te dice: no no,  los zapatos nos son una mierda, es que sus pies los han destrozado. Es culpa suya.

Ni devolución ni responsabilidad. Décadas de fraude e irresponsabilidad.

Esa es la situación que se vivía y la que se vive aún hoy en día. Es un sistema piramidal patológico, donde los perfiles más corruptos y carentes de moral llegan a los puestos más altos, dejando a su paso decenas sino centenares de vidas musicales y creativas destrozadas.

Hay que entender que la voz de un niño, adolescente o joven estudiante de violín no tenía valor alguno frente a la de un “gran pedagogo” soviético. El conservatorio era consciente de la situación, pero no obraba de manera alguna. Silencio institucional.

Había profesores españoles que eran conscientes de los atropellos al alumnado “en nombre de la legendaria escuela rusa” y yo recuerdo clases de música de cámara y pianistas acompañantes que querían ayudarme a abrir un poco mi mente y ver las cosas con mayor claridad y como yo me negaba a escuchar y las juzgaba. (A eso llegaré también en su momento).

Ese es mi caso y el caso de muchos conocidos míos, amigos que salieron escaldados de unas instituciones educativas que en realidad toleraban y toleran aún episodios de tortura y maltrato a la infancia, adolescencia y juventud.

Los alumnos que disponen de sistema mentales y emocionales normales, ante los abusos generalizados y el clima tóxico que se desplegaba en lo cotidiano en el ambientillo soviético acabábamos por “petar” por algún lado.

A menudo, entre nosotros repasábamos la última descabellada reacción de tal o cual profesor entre risas, intentando mediante el humor quitar hierro a una realidad triste, dura y enormemente angustiante: estábamos acojonados ante la perspectiva de cada nueva clase. No se nos explicaba cómo tocar. Se nos gritaba, presionaba, manipulaba y exigían resultados sin dársenos las herramientas por las que llegar a ellos.

Aquellos que me conocen, saben que sostengo desde hace tiempo que vivimos en una sociedad que discrimina y maltrata a los niños, adolescentes y jóvenes sistemáticamente (es decir desde las instituciones del sistema) y que hasta que no miremos de frente muchas realidades como las que aquí describo, no podremos avanzar positivamente en lo humano como colectivo.

Yo a los 13 años:

Continuará en la parte IV…

 

 

 

 

Mis experiencias “educativas” con la escuela rusa-soviética de violín II.

La figura de mi antigua profesora es muy importante en el transcurso de los primeros 13 años de mi relación con el violín.

Una mujer de origen azerbaiyano, que tras su paso por la URSS vino a España siendo relativamente mayor y cuyo perfil era de entre los profesores presentes en Oviedo, de los menos prominentes o deslumbrantes.

Mis estudios de violín de grado elemental, medio y dos años del grado superior los realicé con ella, aunque en ciertos momentos recibí clases y acudí a cursos con otros profesores soviéticos de la región asturiana y también en Barcelona.

Esa mujer siempre me dio miedo.

Recuerdo muy vívidamente nuestro primer encuentro en su casa: iba con mi madre, no sabía muy bien lo que me esperaba, llegamos a su casa, era seria y se puso a hablar con mi madre, evidentemente en ruso.

Cabría destacar que yo, en España, recibí durante los 13 años las clases de violín en ruso (80%) con algo de español (20%), pese a no ser ruso. Pero es que las cosas eran así. Como mi madre venía de la Checoslovaquia excomunista donde el ruso fue obligatorio, se daba por supuesto que la conversación sucedería en ruso y no en el idioma de uso del alumno que se supone ha de aprender a tocar.

De hecho, una de las cosas de las que estoy agradecido, aunque para el violín no me sirviese de mucho, es que ahora no tengo dificultad de entender el ruso. La diferencia entre el ruso y el eslovaco, para que el lector se haga una idea, es la que puede haber entre el español y el francés: comparten raíz, pero el tono y muchas palabras son muy diferentes.

Mi madre hacía de traductora, me decía en eslovaco lo que la profesora decía en ruso. En esa primera clase, la profesora me hizo dibujar una línea recta a mano alzada, como si eso pudiese indicarle que tengo aptitudes para el violín.

Le certificó a mi madre que su hijo no tenía deficiencias que le impidiesen aprender a tocar. El violín estaba sobre la mesa y yo con mi curiosidad fui a su encuentro para cogerlo. Me paró en seco interponiendo su brazo.

Ahí ya dejó claras muchas cosas. A menudo en la vida pasa así, en los primeros compases de los primeros encuentros, queda clara la naturaleza de lo que ese encuentro en términos generales va a suponer a largo plazo.

En este caso estaba claro y de hecho se confirmaría en el transcurso del tiempo. Ella mandaba y yo allí no pintaba nada, salvo para obedecer. No se esperaba de mí otra cosa y tomar la iniciativa no era bienvenido.

La situación no pintaba bien para mí. La señora no la entendía porque me hablaba en un idioma que no entendía, era brusca y además el violín no hubiese sido mi primera opción de haber elegido con libertad.

Siendo, como lo era y lo sigo siendo, una persona muy sensible a mi entorno, los primeros años de estudio con esta señora no fueron en absoluto fáciles.

Salía llorando a menudo de clase. La situación solía repetirse a menudo: ahí estaba yo intentando tocar algo que la profesora me mandó traer aprendido. Ella a cincuenta centímetros de mí, moviéndome los dedos de la mano izquierda, tocando constantemente mi brazo del arco y levantándome el violín.

Todo ello sin explicar nada de lo que estaba pasando o de lo que me estaba haciendo.

Y gritando cosas en ruso a la vez que se impacientaba. Yo, sin entender lo que quería de mí, haciendo servir todas mis capacidades de atención para intentar extraer el conocimiento de lo que quería del tono de su voz, poniéndome nervioso y pasándolo mal.

A menudo al principio se me agotaba la paciencia con esta señora que me atosigaba hasta el límite de aquella manera: dejaba el violín sobre la mesa, y me iba a una esquina de la habitación de espaldas a ella a llorar, con los brazos cruzados, en una señal clara de rechazo a continuar con la clase de violín.

Ahí permanecía un tiempo y cuando mi madre, que estaba allí presenciándolo todo, por fín se le activaba algún sentido de responsabilidad respecto de lo que me estaba pasando, mi profesora la hacía callar y le decía que me dejase allí en la esquina llorando, hasta que yo por mi cuenta volviese a continuar el proceso de atosigamiento que ella entendía como “aprender a tocar el violín”.

El lector puede estar perplejo de que alguien pudiese aceptar eso hacia su hijo, pero es que así era la realidad, muchas generaciones de adultos de europa central y países limítrofes de Rusia vivían así, bajo la bota y las ordenes soviéticas de lo que los rusos dijesen. Crecieron con miedo de ser castigados.

Todo, evidentemente con “muy buena intención y por mi bien”.

Yo, estando allí, comprendía que no tenía salida: La profesora tenía mucho poder, tanto que podía imponer su voluntad abusiva sobre mi voluntad e incluso anular lo que mi madre tuviese que decir.

Así que me sometí.

Fuese o no consciente de lo que estaba haciendo, el ejercicio de dejarme allí tenía como propósito quebrar mi voluntad y que aceptase volver a someterme a ese atosigamiento regularmente. Lo consiguió entonces completamente.

En la mente del humano ocurren cosas particulares, cuando se siente atrapado, como yo me sentía con esa señora, y sabe que no puede escapar, es como si se sucediesen mecanismos por los que intentar zafarse del mal.

Primero evito, si no puedo evitar entonces me niego, si no puedo negarme entonces me quejo, si no se me permite quejarme entonces me deprimo y si no me dejan deprimirme, entonces… me fascino con la persona que me daña.

Así son las cosas, yo sabía que la señora no me caía bien y que su forma de atosigarme era insoportable, lo sabía en mi fuero interno, lo sabía porque lo vivía repetitivamente pero como si se tratase de un mecanismo autónomo, una capa de creencias e idolatrías comenzó a gestarse, como si se tratase de un velo cuya función fuese ayudarme a no tener que ver lo que me dolía y a sobrellevar todo aquello.

Así que durante los primeros años, mi madre venía conmigo a clases particulares (dos veces por semana a 3000 pesetas por clase en negro) y esa fue la situación más o menos durante los dos primeros años.

Al cabo de no mucho tiempo ingresé en el conservatorio, con ella como profesora. Por lo que ahora tenía clases oficiales de violín con ella en el conservatorio y particulares en su casa.

En aquel tiempo, como desde el principio lo hicimos así, no me pareció raro, aunque evidentemente tenía miedo de ir a clase, no quería ir a clase, aunque no me atreviese a decirlo, de la misma forma que mis padres no se atrevieron a sacarme de allí.

Así que el pacto de silencio estaba sellado, y por mucho tiempo además.

Merece la pena detenerse unos instantes para explicar un poco en qué consiste el término estudiar el violín según el modelo soviético que viví de la mano de esta profesora y otros músicos soviéticos:

Tú llegas a clase, como si fuese un concierto y tienes que tocar para el profesor y hacerlo bien. Si lo haces bien, entonces el profesor no dice nada, o dice que está bien, te quita el estudio o la pieza que tocas y te pone otra.

Si lo haces mal, te grita, te pega una bronca, te intimida y te dice que lo haces mal, sin entrar en detalles, si acaso diciendo: desifanadeeee (desafinado) relajadeee dedo gordo (relaja el pulgar de la mano izquierda) por ejemplo.

Yo nunca tuve derecho a preguntar nada, porque a la que preguntaba, ella y también los otros decían fundamentalmente lo mismo: chico, tu calla y toca.

Por lo que salía de la clase sintiéndome fatal, sabiendo que no había tocado bien, pero a menudo sin saber el problema ni la solución al problema que desconocía. Y a partir de ahí “espabílate”.

Podría parecer una perogrullada, pero es como si vas al médico porque te has enfermado, llegas, te grita porque estás enfermo, tú le pagas y él te dice: ahora vete a tu casa a curarte y vuelve curado. Nada de preguntas.

O, lo mismo pero llevado a otra materia, parece impensable. Llegas a clase de mates, la profesora no te explica la lección te envía a casa que te lo aprendas sin haberte enseñado y cuando vuelves te exige que lo hagas bien. Y nada de preguntas.

¿Es tan siquiera razonable?

Jamás me sentí preparado para ir a ninguna clase o concierto, porque fundamentalmente, nadie me había preparado, fui yo mismo que a través de poner en marcha mis sentidos de supervivencia a trabajar a destajo, acabé entendiendo casi por telepatía lo que aquella señora quería decir con el paso del tiempo.

A tal punto llegaba la locura, que la señora había momentos en los que ya no necesitaba ni levantar la voz, con que levantase la mano izquierda y se rascase la oreja, ya era suficiente señal para que yo comprendiese que: desafinadeeee.

En los manuales de psicología esto se describe muy bien, es como el narcisista manipula y utiliza a la persona que tiene delante mediante la intimidación. Y en este caso a un niño. Haz esto porque estaré contento, no hagas esto porque me enfadaré. Manipulación a la soviética.

Cuando yo entraba en clase, casi siempre entraba en modo supervivencia, a menudo, pese a haber repasado las cosas con mi madre en casa, llegaba delante del atril y me sentía carente de toda preparación y mi cerebro se ponía a mil revoluciones, a la caza de las notas y de evitar la bronca.

Y eso se volvió, lo normal. Lo normal era que no me explicase lo que yo hacía, sino que me gritase lo que quería. Así funcionaba y funciona el comunismo. El individuo no vale nada, salvo aquellos que llegan a tener posiciones en las que pueden imponerse sobre los otros y dado que para llegar ahí han tenido que someterse, lo que hacen es someter a los que tienen por debajo.

Todo ello con el agravante de que hablamos de un contexto de educación musical, un ámbito sagrado en el que una persona que desconoce lo que hay que hacer deposita en el profesor su confianza para que le ayude.

Muchas obras musicales pasaron a presión por mi violín, mis manos y mi cerebro entre los 5 y los 10 años. Comencé a tocar audiciones a los 6 años, cada año varias veces.

Aquí uno de los primeros vídeos de los que hay constancia que se grabó en el conservatorio de Oviedo en una de las audiciones de estudiantes en las que participé con 10 años:

Continuará en la parte III…

 

 

 

 

Mis experiencias “educativas” con la escuela rusa-soviética de violín I.

La figura de mi madre es muy importante en el comienzo de mi historia de aprendizaje del violín.

Yo, que provengo a partes iguales de una familia de la Checoslovaquia socialista-comunista y de la Yugoslavia socialista auto-gestionaría, desde pequeño estuve expuesto a los modos y formas, a la mentalidad de más allá del muro de Berlín: el colectivismo.

Debido a las maneras de entender la vida, el mundo y las relaciones, los socialistas-comunistas no tenían en cuenta al individuo de manera separada, sino como un engranaje de la sociedad. Para los colectivistas el individuo carece de importancia sin esta última. Lo importante es el colectivo, no tú.

Fruto de ello, muchísimos destinos profesionales de muchas personas pasaban por las decisiones familiares y no por las vocaciones personales.

Ese fue mi caso, mi madre, en su afán de prepararme una vida más fácil, me puso a tocar el violín siendo pequeño, yo no estaba entusiasmado, porque lo que me gustaba era el karate y los caballeros del zodiaco, pero tampoco tenía rechazo hacia el violín como instrumento, de hecho, desde siempre me ha gustado su sonido y su capacidad de convenir emociones a los demás.

Así que en cuanto llegaron profesores desde el Este, mi madre, que trabajaba en la Sínfonica del Principado de Asturias como violinista contactó a una de las profesoras para que me enseñase a tocar el violín.

Los profesores llegaron debido a la reciente apertura al mundo del bloque del Este,  habían sido atraídos por el efecto llamada debido a las buenas condiciones de vida de occidente y al asentamiento en tierras astures de los auto-denominados “virtuosos” de Moscú hacía pocas fechas.

Yo, aun no sabía en aquella época racionalmente lo que pasaba, pero sabía, porque así lo percibía en las conversaciones e intercambios que presenciaba, que formaba parte de un grupo peculiar de extranjeros llegados a Asturias, España, a inicios de los años 90.

Y es que, no era del equipo local para esta gente, pero tampoco era de su equipo, es decir, en la corrupta mentalidad elitista soviética a la que estaría expuesto durante los próximos años de estudios de violín, yo no pertenecía al “vulgo” español pero tampoco a la “élite soviética” que ellos representaban.

Una posición intermedia muy rara, en la que bajo el punto de vista de estos “pedagogos” del Este era un inferior a ellos, pero un superior a los españoles. Dependiendo, como ya explicaré, de los favores y circunstancias que pudiesen redundar en beneficio de los individuos que conformaban este grupo.

Para poder entender la última reflexión, tengo que poner un poco en contexto la situación de la época. Resulta que cuando los músicos soviéticos llegaron a Asturias, se produjo un fenómeno muy particular por el que se acuñó una leyenda mítica entorno a ellos y a la situación en Asturias que les benefició en extremo y les colocó en una posición de hegemonía y monopolio musical, posición que todavía sigue siendo vigente en el momento de escribir estos relatos.

Asturias, una hermosa región española, en la que he tenido la suerte de poder crecer, era como el resto de España un territorio que experimentaba un boom económico y social fruto del fin de la dictadura nacional-católica de Franco, aunque era una región no especialmente privilegiada debido a estar geológicamente separada por una gran cordillera del resto de España.

Aún y con todo, Asturias había sido una región de intensa actividad musical clásica en comparación a muchas otras regiones de España en el pasado. Antes de la llegada de los “virtuosos” contaba con orquesta sinfónica propia e instituciones de enseñanza musical, así como bandas y escuelas de música.

Del otro lado de esta ecuación, se encontraban los músicos soviéticos recién llegados, hijos de un recién caído imperio soviético, que había caído en cuanto a su estructura de poder administrativo, pero, no nos confundamos, aún hoy, en 2018 no ha declinado definitivamente de su mentalidad comunista y expansionista.

Ambos contextos eran muy diferentes. La larga dictadura de Franco tenía otras prioridades a la música y era autócrata, sin embargo la unión soviética era expansionista y propagandista. La unión soviética había utilizado a los artistas, músicos y deportistas tanto rusos como de países satélites soviéticos para demostrar su poderío, para intentar venderle al mundo que el comunismo funciona y debe ser mundializado.

Evidentemente eso no era sino propaganda para ocultar la terrible represión, las muertes y los abusos sistemáticos contra las libertades individuales del régimen socialista-comunista. Para crear esas “estrellas” del violín soviéticas, tuvieron que destrozar la vida de muchísimos niños y niñas que se quedaron por el camino.

En su momento explicaré en detalle el modelo de “educación musical” psicopático por el que se conseguían esas estrellas musicales y el precio que se pagaba, altísimo, porque, en esencia, no dista en la forma aunque sí en grado, de lo que se aplicó en Asturias.

Ambas sociedades, pese a “ser ahora” demócratas, lo eran sólo en la forma, pero no de facto, por lo que dos extremismos se encontraron e hicieron muy buena pareja, la extrema izquierda musical con su elitismo soviético y la extrema derecha política de Asturias de la época.

Por lo que, descrito el contexto, esta es más o menos la leyenda que se acuñó:

Los virtuosos de Moscú y extranjeros del Este de diversas nacionalidades, en su inmensa benevolencia han tenido a bien asentarse en Asturias, una especie de desierto musical en el que nadie tiene ni idea de nada de música y en el que podemos estar agradecidos de tener a estos semi-dioses del Este que van a subir el nivel y responder a las demandas musicales de la alta sociedad asturiana con su excelsa gracia.

No hay que olvidar que Asturias es un principado, y que todo rey de España antes de ser rey es príncipe de Asturias, celebrándose cada año premios bajo el auspicio de este principado, Asturias es una región con una marcada presencia de la nobleza y realeza. Siendos estas últimas, grandes consumidoras de música clásica y el aura de élite que le han impreso.

Ahora queda claro pues el papel que ocupábamos los extranjeros que no comulgábamos con la mentalidad soviética en este contexto. Cabe aquí mencionar algunas características generales que separaban mucho a los extranjeros que éramos y somos respetuosos de nuestro país de acogida de los extranjeros hegemonistas soviéticos:

Mientras que en el primer grupo, éramos extranjeros que nos integrábamos a la sociedad asturiana, que aprendíamos rápido el idioma, que trabábamos amistad con los asturianos y no imponíamos ni nuestras costumbres ni nuestra visión del mundo a los demás en su propio país, éste grupo de comunistas-socialistas soviéticos era un grupo que se aislaba, jerarquizaba, mantenía sus modos y maneras totalitarias y durante muchísimos años ni siquiera aprendió a hablar correctamente el idioma del país que les acogió.

De hecho, como demostraré en el transcurso de las narraciones de los relatos, la operativa de este grupo se asemeja en gran medida a la de una secta.

Algunos individuos que conforman este grupo siguen sin saber hablar ni escribir en castellano correctamente pese a trabajar en instituciones educativas públicas españolas y percibir sueldos de la administración durante décadas.

Ni qué decir, y esto lo explicaré en detalle durante los próximos capítulos, sobre la fuerte presión e imposición ideológica que este grupo ejerció y en cierta medida aun ejerce hoy sobre los niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

Descrito el contexto general a grandes pinceladas, volvamos a mi historia con mi ex-profesora.

Continúa en la parte II…

 

Mis experiencias “educativas” con la escuela rusa-soviética de violín. Preámbulo

Estar sentado aquí frente al teclado, dando comienzo a estos relatos sobre mis experiencias “educativas” del violín con una profesora de la escuela rusa de violín, es difícil para mí.

Abarcan una época concreta de mi vida, entre los 5 y los 17/18 años de edad, en Asturias, España. Son los 13 primeros años de aprendizaje del violín y sin embargo, ese inicio, como muchos inicios, tiene un profundo calado en mí.

Las realidades sobre las que voy a hablar en estos relatos, son realidades duras y complejas, realidades que están muy conectadas con el contexto educativo, social, cultural y hasta político de los años 1991-2004 en España y los ecos de la Europa del Este inmediatamente post-comunista.

Muchas de estas realidades, aun siguen, por desgracia vigentes para niños, adolescentes y jóvenes en las aulas musicales hoy en día.

En estos relatos, combinaré la narración de vivencias con mis análisis, opiniones y reflexiones para explicar fenómenos “educativos” y musicales que forjaron una generación de músicos en Asturias con “marca” soviética y que yo viví en carnes propias.

Quiero dejar claro de antemano, que como en todo grupo humano, hay personas que son excepciones y que no funcionan necesariamente de la misma forma que el resto, por lo que, cuando use generalizaciones o explique cuestiones de manera más general, esto debe ser tenido en cuenta.

También quiero dejar claro que escribo con el ánimo de aportar luz a la verdadera naturaleza de lo que la escuela de violín rusa-soviética de finales del siglo XX y principios del XXI fue en la realidad española, basándome en mi vivencia personal y en mi observación de la vivencia de mis compañeros y compañeras de estudios en Asturias y Barcelona, a los que no citaré.

Asimismo tampoco citaré con nombres ni a mi exprofesora ni a ninguno de los mal llamados pedagogos que vinieron del Este a Asturias con los que di clase, o de los que tengo información fehaciente, no merecen publicidad, ni negativa.

Agradezco la posible buena intención de todos los profesores soviéticos que he tenido y sus esfuerzos por introducir en mí el saber tocar el violín sin hablar.

Me hubiese encantado no tener que escribir estas líneas, ello significaría que nada de lo que voy a contar ocurrió y que nadie resultó dañado, por desgracia eso no fue así y yo no voy a seguir contribuyendo con mi silencio a ocultar los abusos educativos y el maltrato a los niños, adolescentes y jóvenes en las clases.

A fin de cuentas, estos textos pretenden dotar de conocimientos claros y específicos y ser un instrumento de enumeración y análisis pormenorizado de cada una de las estrategias de anti-educación  que la mentalidad musical comunista llegó a generar y que por desgracia sigue generando en su espiral de anulación del individuo usando de hilo conductor mi propia historia de aprendizaje con el violín en mi etapa infantil y adolescente.

Por lo tanto, estos relatos están orientados hacia la denuncia de los abusos e irregularidades y a desmitificar un fenómeno violinístico musical ruso-soviético, puesto en un pedestal desde hace décadas por una opinión pública desconocedora de las prácticas llevadas a cabo contra los estudiantes y que nadie ha “osado” poner en cuestión en público aún.

He de disuadir a aquellos y aquellas que quieran seguir viviendo en sus fantasías elitistas de la “gran y legendaria” escuela rusa-soviética de violín en sus mentes de que prosigan la lectura, porque corren el riesgo de chocar con realidades cognitivamente disonantes que les hagan mucho daño al leer estos relatos.

Si prefieren el mito a la realidad y la humanidad, esta no es su web.

Estos relatos están abiertos a su lectura pública y no tienen coste y nunca lo tendrán. Conocedor de que muchas personas pueden llegar a leerlos y que pueden resultar polémicos, no voy a darle a nadie el beneficio de decir que esto que cuento aquí es para ganar dinero con ello y/o que es fabricado.

Dicho todo esto, agradezco desde la primera hasta la última persona que ha aportado sentido común a mi vida para ayudarme a ver las cosas como realmente fueron y a ayudarme a salir del profundo síndrome de Estocolmo en el que me encontraba.

A los que aún siguen en el síndrome tras años de exposición a este fenómeno y algo les chirría desde hace tiempo, les cuesta dormir, tienen desórdenes alimenticios después de tocar, irritabilidad, depresión, tienen cambios de humor drásticos, se tratan mal a sí mismos cuando tocan el violín, tienen minada su autoestima, han abandonado el violín y su creatividad, no se atreven a decir lo que piensan por miedo al rechazo, les sugiero, si se me permite,  que lean y reflexionen detenidamente sobre lo que van a leer.

A mí me ha llevado mucho tiempo entender, es normal. Ánimo.

Sois vosotros y vosotras, la mayoría de gente sencilla que me habéis ayudado a entender lo que pasó y a reunir la concentración, la fuerza y las ganas de escribir estas, mis experiencias “educativas” con la escuela ruso-soviética de violín.

Gracias.

Espero que estos relatos sirvan a muchos para no sentirse solos por lo que han pasado, que puedan entenderse mejor y liberarse de más de una de las ingratas secuelas que los  “métodos de aprendizaje” como los soviéticos les hayan causado.

Allá vamos… continúa en el capítulo I

[:es]Mi experiencia con el Vedanta Advaita (V y último)[:]

[:es]Han pasado muchos meses desde que escribiese la cuarta parte de esta serie. Cuando la escribí, sentí que no era el momento de concluir.

De alguna forma sabía que algo aún estaba por completar, por suceder, para terminar de cerrar estos relatos que comenzaron con el análisis de mis vivencias con la comunidad Osho y posteriormente con el Neo-Advaita y el Advaita.

No fué hasta el otro día que recibí un correo electrónico de un lector de esta web que dice así:

Hola Marko:

Sin saber mucho, me pregunto si tu experiencia con el advaita en realidad lo fue con el neo-advaita. Este artículo me parece que está bien.
http://www.advaitainfo.com/articulos/neo-advaita.html#notas

Me pregunto si me podrías dar tu opinión, tú que ya has probado distintos campos.

Un saludo
F.

Efectivamente, lo primero que hice, fué leerme íntegramente el artículo citado en el email y luego entendí por qué no había concluido en mis relatos… faltaba incluir el rizo que riza el rizo para terminar con este tema.

Y es que, para los que no lo sepáis, en las últimas fechas (y a mi juicio aún continuará por bastante tiempo) ha venido en acuñarse un nuevo fenómeno que consiste en considerar al Advaita promulgado por personajes como los que he descrito en esta web como NEO-Advaita para diferenciarlo de un supuesto Advaita puro y verdadero.

El Neo-Advaita vendría a ser una corrupción de la “milenaria” sabiduría del verdadero Advaita (no-dualidad) cuya antiguedad citan con orgullo en webs como infoadvaita y otras en nada menos que 1300 a.C.

El artículo con el que me obsequió el lector es muy bueno para palpar las diferencias entre el Advaita “puro” o tradicional y el neo-advaita.

Lo que voy a hacer aquí es dejar claro que pese a mi dura y detallada crítica, así como a mis diversos análisis e hipótesis sobre el tema, considero que la búsqueda del humano que viene a “personificar” el Advaita en su famoso ¿quién soy yo?, en su origen es una búsqueda genuina y consustancial a la naturaleza de una gran parte de los humanos, aunque movimientos como el advaita y el neo-advaita hayan secuestrado esta búsqueda para “codificarla” una vez más (como si las religiones no lo hubiesen hecho ya con sobrada suficiencia) de forma sesgada, interesada y a la postre mayoritariamente falsa en su beneficio.

Ahora, comentaré los puntos más importantes del artículo sobre el Advaita puro y mostraré, una última vez, los mayores errores, sesgos y sinsentidos que propugna, utilizando citas del artículo (en cursiva) y comentándolas [entre corchetes].

Dice: “Los sabios que nos dieron la auto-indagación eran considerablemente más sofisticados y elaboraron una solución inteligente. Asignaron una realidad provisional a la dualidad que está en armonía con la experiencia de cada uno y luego procedieron a destruirla, utilizando enseñanzas que se corresponden con la lógica del sentido común de la propia experiencia del buscador.”

[de ser cierta la afirmación, entonces es complicado que un ser aparente, viviendo en un mundo aparente, en el que todo es relativo a la experiencia de cada uno, pueda hablar de un fenómeno específico y pueda emplear términos comparativos para determinar quienes están iluminados en esta “realidad temporal aparente” y quienes no. Seamos mínimamente razonables, o hay verdad o no la hay. Si esta verdad no la considera el Advaita como tal SE DESLEGITIMA ABSOLUTAMENTE para hacer comentario alguno sobre ella]

Dice: “Sin la noción de una realidad provisional o aparente, que la experiencia confirma, te ves obligado a proyectar la idea de que todo es Consciencia sobre la realidad empírica.”

[Sólo por estos dos primeros ejemplos debería bastar para invalidar el artículo entero. Dejadme que os ponga un ejemplo: si hablas con alguien que está por ejemplo criticando duramente el asunto X y le preguntas de antemano: ¿consideras que existe la verdad absoluta, que exista el bien y el mal? y la persona te contesta algo como: “no, la verdad absoluta no existe, todo depende de cómo mires las cosas, la verdad es relativa. el bien y el mal son cuestiones relativas.” Entonces, estás legitimado para contestarle: “entonces qué carajos haces criticando X si todo es relativo tu opinión sobre lo que es correcto o no también lo es y no hay verdad alguna que tu puedas defender, resultando que tú mismo te contradices de base e implícitamente crees en que existe la Verdad Absoluta, el bien y el mal a la par que afirmas justo lo contrario”.

Se acabó la conversación. ¿Se entiende? ]

[Este es el tema que ocurre exactamente con el Advaita: desde el supuesto mundo de la apariencia, que es meramente un recurso ilusorio de separación, carente de verdad, carente de hacedor, carente de bien y de mal, JUZGAN lo que és y lo que no es estar iluminado. Y yo pregunto abiertamente: ¿BAJO QUÉ CRITERIO? ¿según qué medida de base? ¿si esta realidad no es sino una mera ilusión transitoria de separación en la que no hay hacedor, quién es el que osa hacer juicio alguno? ¿un ente transitorio, irreal y temporal osa juzgar a los demás y dividirlos entre iluminados y “atrapados por la dualidad”? jajajajaja]

Continúa el artículo diciendo: “Esta discriminación entre lo que es real y lo que es aparente es el distintivo de una persona no iluminada. De hecho, una de las definiciones de la iluminación encontrada en las escrituras de la auto-indagación es “la discriminación entre lo que es real y lo que es aparente”.

[¿Cómo puede un humano aparente como yo, realizar una distinción entre lo real y lo aparente, si mi naturaleza en esta realidad es ilusoria y aunque mi naturaleza última según ellos sea la unidad, no tengo acceso a ella porque eso requiere de un ente que la experimente? Dejadme que lo deje claro de una vez por todas. La única manera de ser coherentes de los supuestos maestros Advaitas puros es CALLARSE, NO EDITAR LIBRO ALGUNO, NO DICER NI “PIO” POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS, JAMÁS. Porque, si abren la boca, esas entidades ilusorias qué pueden decir al resto de las entidades transitorias que las escuchamos, que no sea sino más transitoriedad en forma de palabras dichas o escritas?]

Todo y repito, absolutamente todo lo que puedan decir estas personas es una impostura de tamaño gigantesco cuyo objetivo no es sino la promoción de sí mismos, la venta de material y el proselitismo de su causa si se les ocurre decir aunque sea una sola palabra o realizar acción alguna para influir de alguna manera en el resto de humanos. No deja de ser gracioso cómo revistiendo a estos seres transitorios de una supuesta iluminación se oscurece el nítido hecho de que toda su vida no HAN HECHO NADA por los demás.

Mientras el peluquero ha cortado el pelo a miles de personas al cabo de su vida, mientras el profesor de violín ha enseñado a tocar a cientos de violinistas, mientras la madre y el padre han criado a hijos, todos ellos a costa de su energía y entrega a los demás, estos “maestros” HAN VIVIDO A COSTA DE los demás a cambio de ¿dar el que? ¿qué es lo que han dado exactamente? ¿qué han entregado que les costase esfuerzo? ¿qué es lo concreto que han aportado a la comunidad o al individuo?

Amparados en una elaborada estratagema mental, llamada comunmente “paja mental” que en esta caso consiste en declarar (implícita o explícitamente) que la realidad no es real y que sólo ellos (en contraposición al resto de pobres mortales) están iluminados. Todo eso consiguiendo que personas despistadas con el pensamiento crítico dormido no puedan ver, que, si lo que los supuestos maestros advaita dicen es cierto, entonces los maestros tienen que ser forzosamente un timo, porque no pueden afirmar al mismo tiempo que la realidad es irreal, que no hay hacedor, que no hay verdad, ni bien ni mal a la par que discriminan entre iluminación e ignorancia, entre paz interior y lucha interior. No pueden declarar que todo es irreal salvo lo que ellos dicen.

SI TODO ES TRANSITORIO E IRREAL. SI TODO EN ESTA REALIDAD ES “MAYA” / PRODUCTO DE LA DUALIDAD, ENTONCES SUS PALABRAS Y ACTOS TAMBIEN LO SON. ¿SE ENTIENDE? ¿O ES QUE AQUÍ TODOS PRINGAMOS SALVO ELLOS?

Esa es por cierto, la característica que planteo en todos estos relatos como la más importante que, a mi juicio sustenta mi hipótesis: que la famosa iluminación no es tal, sino que es la descripción del estado psicopatologico que experimentan los psicópatas, que perciben todo como objetos que emergen en su consciencia. Que perciben que el universo entero es puramente objetos que emergen y colapsan en su consciencia.

Concluyo estos relatos en clave positiva y reparadora, en pro del bien entre nosotros y del descubrimiento de la Verdad en el terreno que fuere y con la mayor profundidad de espíritu de la que seamos capaces:

En cualquier conversación o relación que pretenda tener un mínimo de ética y de honestidad humana e intelectual, tenemos que partir de una base en la que afirmemos por ambas partes que lo que vivimos es real ahora, que la realidad compartida es real, aunque forzosamente tengamos que admitir que desconocemos la inmensa mayoría de cómo son las cosas y de cómo han ocurrido los acontecimientos en el pasado.

Tenemos que partir de una base en la que ambas partes reconozcan que hay una Verdad Absoluta al respecto del tema, aunque de momento puede ser que no podamos percibirla o alinearnos con ella porque nos falta la información y los medios para alcanzarla.

Tenemos que saber reconocer que no sabemos muchas cosas y estar abiertos a que si lo que nos cuentan, enseñan y demuestran verdaderamente, sin trampa, contradice lo que sabemos y estamos en un error, saber rectificar y admitir nuestros errores.

Aunque para ser honestos tengamos que admitir que no tenemos respuestas definitivas para la realidad una vez ha llegado la muerte y otros tantos miles de temas.

Aunque tengamos que reconocer que no podemos poner en palabras adecuadas a la comprensión nuestros estados de consciencia alterados y nuestros atisbos de la inmensidad e interconexión de lo que hay más allá del mundo material.

Aunque en determinado punto tengamos que admitir que somos NESCIENTES, es decir, ignorantes de una parte de la Verdad, porque no tenemos los medios para acceder a ella, o los medios en algún momento existieron pero ya no están, o que no tenemos los sentidos adecuados para saber a ciencia cierta determinadas cuestiones, etc…

En cualquiera de los casos, la certeza puesta en que la Verdad existe y que, quizás, algún día daremos con ella, como quien construye un puzzle encontrando pieza a pieza y encontrando su lugar, nos ayudará a abrir los ojos y a vivir más de acuerdo a la Ley Natural en consonancia con todo lo que nos rodea.

Eso os deseo a vosotros y eso me deseo a mí mismo.

Con agradecimiento y cariño concluyo así estos relatos.

:)[:]

[:es]Cómo ser un pésimo profesor de violín[:]

[:es]Trata a todos los seres humanos que dan clase de violín contigo como si fuesen unos pobres desgraciados que tienen la suerte de que les ilumines.

No preguntes nada al alumno, él no sabe nada. Da órdenes y exige obediencia ciega. Sino, enfádate. El alumno es responsable de tu bienestar. Manipúlale a través de tus enfados y estados de ánimo.

Hazle repetir sin entender hasta la saciedad. No analices con él los problemas ni vayas a la raíz de las dificultades. Atribúyelo todo a la falta de estudio o al mal estudio sin explicar cómo hay que estudiar bien.

No hables bien el idioma del alumno, y si lo hablas, no le hables claro, háblale en clave y espera que aún así te entienda siempre.

No le enseñes a estudiar, haz que cada clase sea como un examen y una evaluación sin fín, que aprenda a estar nervioso, no a tocar el violín.

No enseñes, no se te paga por eso. Critica, evalua y humilla.

Cuando quieres que el alumno cambie algo, no seas paciente, reclámalo insistentemente hasta conseguir lo que quieres sin importar que el alumno entienda o no lo que le estás pidiendo.

Amenaza al alumno o alumna con suspenderle como táctica, provócale miedo, que aprenda por miedo a tí. En todo caso, si funciona mejor, puedes manipularle dándole “una de cal y otra de arena” así tendrás su voluntad bajo tu control.

Amedréntale y quiebrar su confianza en sí mismo, que dependa de tí.

No busques la objetividad, no digas que hay cosas que están bien, sólo busca los fallos y haz sentir culpable al alumno. Haz que se sienta inútil por fallar, que sobredimensione sus errores y que no sea objetivo. Que no vea las cosas que hace bien, solo las que hace mal.

Cuando el alumno falla nunca te preguntes que parte del fallo es asunto tuyo, no hay parte alguna que sea asunto tuyo, es siempre culpa del alumno.

Grita al alumno, humíllale y agrédele zarandeando sus brazos, empujándole para que vaya mas deprisa o apretándole la mano. La mejor manera de ayudarle con la afinación es forzar sus dedos a la posición correcta. En ningun caso le hables ni le expliques lo que haces ni por qué.

Enfádate, ignora y maltrata a los alumnos cuando se ponen enfermos y no acuden a clase. Hazles sentir culpables por haber estado enfermos.

No preguntes jamás al alumno cómo se siente tocando, dónde encuentra dificultades. Mantén un ambiente cerrado e impermeable a las emociones humanas. Eres muy cool y no debes bajar al lodo emocional del alumno.

Mantén distancia física y un tono de voz autoritario, que se note que mandas. Nunca digas lo siento si te has confundido. Y el término gracias bórralo del diccionario.

Métete con la forma de vestir, andar, hablar o ser del alumno haciéndole creer que su forma de ser es la que causa que toque peor el violín y no la falta de herramientas válidas de estudio.

Cuando no sabes por qué un alumno no avanza, échale la culpa a él, compárale con los otros, humíllale y exígele más clases particulares.

Cuando no sabes por qué un alumno avanza tan rápido alábale, cállate y disfruta del estatus de prestigioso profesor que te otorga su facilidad.

Nunca respondas a las preguntas del alumno. Nunca digas “no sé, déjame reflexionarlo y la semana que viene te contesto” o cosas por el estilo.

Usa al alumno como tu trofeo personal en la competición más o menos velada que llevas con los demás profesores del mundo mundial.

Impón tus arcos y digitaciones a todos tus alumnos aunque tengan manos diferentes y no les preguntes qué les resulta más cómodo, tu ya sabes todo por ellos de antemano.

Nunca toques los pasajes difíciles, ni dejes que te graben tocando el trozo para que lo puedan ver en casa y reflexionar con calma.

Facilita la información a cuenta gotas, para que dependan de tí y te sigan pagando clase tras clase particular al menos dos décadas.

Fuérzale a salir al escenario a tocar sin estar preparado, tocando cosas más dificiles de lo que su nivel y su alma le permiten.

Antes y después de una actuación nunca le preguntes cómo se siente, si tiene o no nervios ni te intereses en ayudarle a superarlos, eso es asunto suyo, no tuyo.

Sus logros son mérito tuyo, sus fracasos son la ineptitud del alumno.

Imponle todo el repertorio, no negocies nada. Impon también tu sentido del fraseo y estilo, quieres un clon tuyo, no un violinista apasionado, independiente y versátil.

Alimenta el universo de mitos que hay entorno al violín, para que siempre piense que todo es dificilísimo y que sin tí no podrá hacer nada.

Usa tu poder e influencia para promocionar a los alumnos que tienen facilidad y descarta de tu clase a los que no te obedecen y no progresan, así tendrás una clase “de élite”.

Da clase a alumnos que ya tocan bien, no te manches las manos con los principiantes para que no te tengas que replantear nada.

Cobra las clases particulares caras e inflexiblemente, no te intereses ni atiendas a las necesidades de tus alumnos.

Ten por objetivo la dependencia del alumno a tí y bajo ningún concepto el que los alumnos se vuelvan independientes y autónomos cuanto antes.

No colabores con otros profesores ni compartas conocimientos. Crea un club de seguidores entorno a tí que alimenten tu ego e inflen tu reputación.

Rechaza toda crítica aduciendo que el que critica es un pobre amargado que no ha echado las suficientes horas, que no ha hecho las suficientes clases particulares o que no tiene “talento”.

Y por último. Nunca dudes ni una sola coma de lo que dices o haces, tú siempre tienes razón y nunca te confundes. No tienes nada que aprender. Ya lo sabes todo. Punto.

Dedicado a todos los mal llamados profesores de violín que aún hoy en día, en el año 2016, siguen abusando sistemáticamente de hombres y mujeres, niños y niñas en todas partes del mundo musical violinístico amparados por sistemas educativos musicales decimonónicos con el silencio complaciente y reiterado de las administraciones públicas y el desconocimiento del público general.

Aprendizaje = Abuso.

Fdo. Marko-Karlo Vlahovič


Advertencia

Este escrito está hecho en modo irónico con el ánimo expreso de denunciar la lacra del abuso contra niños y adultos en las clases de violín. No es una incitación al abuso ni a la violencia contra estudiantes de violín.[:]