Mi experiencia con la “comunidad” Osho (VI)

Al hilo de lo que escribí en la quinta parte, habiéndolo comentado y reflexionado, encuentro que al escribirla estaba algo más emocionado (y exhaltado) que en todas las partes anteriores y no fuí lo suficientemente cuidadoso con mi lenguaje así que me gustaría hacer unas cuantas puntualizaciones, ya que encuentro que he volcado una mayor cantidad de crítica en esta parte y parte de ella podría no ser tan constructiva como me gustaría si no se entiende en un contexto mayor al reseñado. Aún así dejaré esa parte así como está ya que surgió de esa forma y eso también lo encuentro positivo. Ahora las puntualizaciones:

Primero, me gustaría dejar absolutamente claro que el hecho de que yo personalmente experimentase eso y en esas circunstancias, con esa comunidad, no significa que no exista el arquetipo interior del niño interior, ni el del juez, ni que yo considere que sentir no sirve para nada ni tiene función terapéutica alguna. Ni lo creo, ni lo sostengo ni tiene sentido alguno. En muchos casos el sentir forma una parte fundamental de la curación psicológica y emocional, en otros no.

Mi intención relatando detalladamente estas experiencias es mostrar la exagerada polarización, sesgo, desmesuras, ideologías nocivas, patológicas  y tendenciosas que se transmitían dentro de esta comunidad de Osho, lo cual, como ya he dicho en otros puntos, ésto no anula los puntos válidos del discurso transmitido en esta comunidad de Osho, aunque estos puntos válidos sean muy minoritarios respecto de los dañinos.

Volviendo el tema un poco más personal y haciendo caso de la sugerencia de mi amada, es muy pertinente decir, que si bien yo tenía muchas luces para muchos temas, yo provengo de una familia desarraigada (salida de sus respectivos paises por necesidad económica), desestructurada (divorciados de mala manera) y con unas importantes dosis de maltrato emocional y psicológico en el contexto familiar, cosa que obviamente influía en mi manera de procesar mis vivencias tanto en la comunidad de Osho como en cualquier aspecto y lugar que estuviese en mi vida, siendo, además como soy, una persona de naturaleza sensible.

Todos tenemos movidas del pasado, así que ya os he dado un resumen de las mías para que podáis situar en un contexto más objetivo mi discurso, no os dejéis guiar unicamente por mi exhaltación ocasional e intentéis extraer ideas fundamentadas y sanas sobre lo que relato en estos textos, cuya finalidad principal es servir al bien de las personas y ayudarlas a tomar decisiones sanas y aprender si es posible de la experiencia ajena y no necesitar cometer los mismos errores que yo.

Dicho esto y volviendo al hilo narrativo…

No todas las personas sintonizaban con la “onda ideológica” del grupo de la misma forma, ni con la misma intensidad ni bajo las mismas premisas. Eso dependía y sigue dependiendo de muchos factores, entre ellos la naturaleza más o menos sensible de los individuos. Había personas que ya parecían perfectamente adaptadas a los cánones que regían el comportamiento del grupo, como algo ya aprendido y continuado de otras ocasiones, de hecho, había personas que no era la primera vez que estaban allí. También había personas a las que básicamente las “sutilezas” y la “onda” del grupo les “patinaban” porque tenían una fuerte resiliencia al adoctrinamiento y la sugestión, porque sus situaciones personales les hacían estar muy en contacto con la realidad (ser padres, tener que alimentar y cuidar a sus hijos por ejemplo) y no “volarse” (fliparse) con todas estas cosas.

De hecho, echando un “vistazo de aguila” para atrás, los grupos estaban compuestos de un 20% de veteranos repetidores (que en general parecían estar allí más por seguir enganchados a la “onda” que por hacer terapia alguna) y una abrumadora mayoría de la cual solo retornaría a los siguiente talleres una pequeña minoría).

_MG_1400Recuerdo nítidamente la sensación con la que bajé las escaleras hasta el hall abovedado de piedra después de esta primera “catársis”. (más adelante descubriría que las catársis en las que uno pierde la consciencia de la realidad, no solo no son beneficiosas a nivel terapéutico sino que son dañinas para la psique, el sistema nervioso y dan pie a la aparición del factor exógeno en la ecuación terapéutica, esto ya lo explicaré llegado su momento). Esta sensación física que experimentaba al bajar las escaleras es lo que en la comunidad Osho se conoce por estar “removido” o con “removidón emocional”, es decir, en lenguaje natural, una mezcla de cansancio corporal generalizado, agotamiento muscular, una sensación de aletargamiento y molestias digestivas que van desde suaves retortijones a nauseas.

De aquel segundo y trascendental día no me acuerdo de nada más. De hecho, a partir de entonces mi memoria empezaría a funcionar gradualmente peor y peor conforme yo iría aceptando más y más profundamente la premisa ideológica que comparte la comunidad Osho respecto de la mente y el tiempo (premisa que por desgracia también comparten otras enseñanzas del “mundillo espiritual o la Nueva Era” : “el pasado ya no está, no importa, el futuro no ha llegado , tampoco importa, lo único que te ha de importar es el presente”. [Por lo tanto, para qué acordarse, para qué volver al pasado, para qué hacer planes, lo único que hay que hacer es “fluir” (otro nuevo concepto que significa, dejarse llevar) en el presente.

Con el tiempo, unos cuantos años después, comencé a entender el papel que la mente temporal tiene en la vida del humano y poco a poco comencé a recobrar la memoría más detallada de los actos que viví y las situaciones en las que me involucré. A día de hoy todavía tengo enormes dificultades para acordarme de cosas que hice hace tan solo cinco o seis años y tengo grandes lagunas en mi memoria].

Yo dormía en el dormitorio común, que he de reconocer que pensaba antes de ir al taller que se trataría de una habitación en algún sitio en el que dormiríamos unas cuantas personas en sus respectivas camas, de ahí que el precio del taller fuese un poco más barato para los que dormíamos en el “dormitorio común”. Para mi sorpresa el dormitorio común significaba la misma sala en la que habíamos estado trabajando durante el día sobre las mismas colchonetas, eso sí con una funda limpia propia, almohada y demás.

Debo reconocer que eso no me moló mucho en su momento, pero bueno, esto son pijadas teniendo en cuenta que mi psique acababa de instalar un nuevo y poderoso sistema operativo informático que ya había comenzado a descargar y operar una serie de nuevos y sofisticados programas “espirituales”, todos ellos nuevos para mí y eso mantenía mi mente a todo trapo funcionando.

Pensaba cosas como: ¿cómo puede ser que la gente normal no sepa que tiene un niño interior dentro? si supiesen todo esto sería una revolución de la noche a la mañana en la vida de las personas, debería haber muchos más sitios como este haciendo esto con las personas y así todos se “sanarían” por dentro y todo cambiaría… La verdad es que, menudos inconscientes que son, de vivir sus vidas ahí todo el día haciendo lo mismo y nunca prestar atención a su niño interior…

jajajaja, bueno, ahora me rio de mi propia ingenuidad y falta de discernimiento, a la par que puedo entrever en mi actitud la bondad natural que siempre he tenido y el deseo de bien de corazón hacia las personas que es lo que, entre otras cosas me hace compartir estos relatos, para que la gente no sea engañada y no tenga que pasar por cosas que se puede ahorrar y aprender de la experiencia de otros.

osho-5Me gustaría hacer un inciso, para comentar que, cuando hablamos coloquialmente de las sectas, se hace una referencia a un aspecto que tiene que ver con lavar el cerebro a la gente, eso es “culturilla común”, me gustaría sin embargo matizar que el lavado de cerebro no consiste únicamente en que lo que tenías instalado en la cabeza sea “borrado”, sino que se produce una nueva instalación o una nueva escritura por encima de la vieja, dependiendo de la calidad, profundidad y tiempo que dure el lavado de cerebro. Me gustaría matizar que es tanto más difícil de detectar y de nombrar por lo que es, cuanto más sutiles son sus técnicas y más indirectas sus “sugestiones”. De ahí la enorme importancia de tener un sano escepticismo y un discernimiento activado para estar alerta y consciente de estas cosas.

Dicho esto, continúo mi relato:

Me fuí a dormir, estaba agotado. A la mañana me levanté con el sonido de las campanitas, que indicaban que en unos minutos comenzaría en una edificación exterior adyacente la meditación dinámica de Osho.

Bajé como ya lo hice la primera mañana e hice la meditación dinámica de Osho. Cuando estaba a punto de terminar la meditación, empecé a encontrarme con muchas ganas de ir al baño, así que ni esperé a terminarla y salí corriendo escaleras arriba.

Resumiendo, tuve tal diarrea, que no recuerdo haber tenido una semejante en toda mi vida. Me dió la impresión de vaciar totalmente el tracto intestinal y dejarlo totalmente vacio. Me asusté un montón. Había tenido diarreas en mi vida, como todo el mundo, pero esto, sinceramente superó todos mis records personales. Tal fué el punto de mi susto que apenas terminó el desayuno y ubiqué a T, fuí inmediatamente a comentárselo porque me pareció relevante y creía que alguna recomendación me tenía que dar o decirme porque había pasado o si alguien mas le había pasado lo mismo.

Encontré a T y le comenté lo que me pasó, lo recuerdo perfectamente como si fuese ayer que me miró, sonrió y me dijo literalmente: ¡Felicidades! en un tono que parecía denotar la alegría de alguien cuando te felicita tu cumpleaños. No sé que cara debí poner, pero inmediatamente me comentó algo así como que lo que me pasaba era totalmente normal, que formaba parte de mi “proceso” y que era signo de “limpieza emocional” y que no me tenía que preocupar.

índice3De aquella yo ya tenía el nuevo sistema operativo instalado, así que lo único que se me ocurrió hacer fué entender lo que me dijo e instalar esa explicación en mi hardware como válida y punto. A partir de entonces diarrea después de la dinámica = limpieza emocional. Mi añorado sentido común y discernimiento ya no estaban operativos y tardaría bastante tiempo en recuperarlos.

[Ahora pienso que, aunque lo que me dijese fuese verdad, ni se le ocurrió comentarme que bebiese agua para no deshidratarme, pero bueno, ya llegará el momento de plantear mis teorías sobre ciertos rasgos caracteropáticos comunes de la comunidad Osho y sus líderes, pronto conocería a unos cuantos de “orden superior” y de otras nacionalidades.]

No sé si habéis tenido alguna vez una diarrea de estas características, pero el que sí, sabrá la sensación de agotamiento que se tiene después, una especie de flojera muscular generalizada. Bueno pues así me sentía yo y mi niño interior, porque ahora “éramos dos”.

Continuará en la parte VII…

 

Mi experiencia con la “comunidad” Osho (V)

Y ahí estaba yo, a punto de entrar a media tarde del segundo día en la sala de “trabajo”.

Estábamos todos fuera de la sala, porque los ayudantes (unas pocas personas, usualmente dos o tres que no pagan el coste del taller y sí el de su alojamiento y manutención, que disponen la sala y atienden diversos aspectos colaterales al taller según T (terapeuta) indica: disposición de las salas, vender los libros o meditaciones de Osho disponibles, etc…) estaban disponiendo la sala de una manera especial para el ejercicio del “juez interior”.

Al entrar en silencio (por indicación de los ayudantes) en la sala, había dispuestas colchonetas todas orientadas hacia delante donde estaba T. sentado con el micro. Cada colchoneta tenía dos cojines.

Seguramente nunca me olvidaré en mi vida de este ejercicio ni de esa tarde por lo “friki” y “jevi” de mi experiencia subjetiva y lo polarizante que resultó para mi psique de ahí en adelante.

Se nos indicó sentarnos en uno de los dos cojines de la colchoneta, que posteriormente averiguaríamos que representaba al “juez interior” (una figura arquetípica psicológica a la que en esta comunidad se le atribuyen todos los mensajes condenatorios, de presión, de exigencia y de culpabilización que nos damos a nosotros mismos indiscriminadamente) [de hecho, ahora que escribo el adjetivo indiscriminado, encuentro que resume muy bien en una sola palabra las creencias e ideologías que sustentan a esta comunidad de Osho y la ideología Osho en términos generales].

Una vez sentados ahí, se nos “invitaba” a cerrar los ojos y se nos sugestionaba a “entrar en la energía del juez” que portamos “en el interior de nuestras cabezas”, a adoptar su actitud, su tono de voz y sus maneras y a imaginar que en el cojín que teníamos enfrente estaba nuestro niño interior y empezar a hablar a ese cojín en voz alta de la forma en la que las voces del juez suelen surgir en nuestras cabezas habitualmente.

Yo, que de nuevo había recuperado las últimas fuerzas que me quedaban de discernimiento y sano juicio (mi discernimiento y sano juicio se apagarían al mínimo durante un período de casi 5 años a partir de esa “meditación”) pensé: y ahora que tengo que decir? jajajaja esto es ridículo, para qué necesito insultar a un niño simbólico en el cojín de enfrente? que sentido tiene? a la par, que empezaba a mi alrededor a oir a compañeros y compañeras hacer tímidos esfuerzos por tratar al cojín frente a ellos como a un niño interior atacado por un juez interior implacable.

Oía por ahí: ¡gorda! ¡tonto! y yo seguía pensando: que chorrada de ejercicio por dios ajajjajaja, a esos tímidos comienzos le siguió la indicación y el ánimo de T al micrófono mediante el equipo de amplificación aportando ideas: ¡inútil! ¡vago!, recuerdo y seguramente recordaré por mucho tiempo que uno de los asistentes al curso dijo gritando: ¡tuercebotas! jajajajaj de lo ridículo del “insulto” que espetó, aquellos que estabamos a su lado nos empezamos a reír, él incluido. Fué entonces que hice aquello que podría haberme ahorrado y que he aprendido para el resto de mi vida, mi razonamiento fué el siguiente:

Ya que he invertido todo este dinero y tiempo aquí, no tiene ningún sentido que esté en este taller a la defensiva, voy a hacer el ejercicio a ver si le saco partido a este taller.

[Y en vez de sencillamente reconocer que aunque hubiese cosas posiblemente válidas de lo que ahí se estuviese haciendo, el contenido, conjunto, la presentación y la ideología de base eran y son tendenciosas, sesgadas, dogmáticas y carentes de fundamento en muchas de sus premisas, coger y marcharme de allí reclamando mi dinero, hice todo lo contrario: tomé la puerta que me llevaría a sintonizar con la “onda ideológico-patológica” de la comunidad Osho de lleno. Sí, fué una decisión errónea y me arrepiento de haberla tomado, aunque también reconozco que a raíz de lo que eso desencadenaría los siguientes años aprendería muchas cosas, especial y abundatemente aquellas que no sirven y que dañan la psique humana.]

Habiendo hecho este razonamiento, mi sistema de discernimiento y sano juicio se desconectó del todo. Fín. Stand by. Arrivederci, hasta dentro de cinco años Marko… y “me entregué” al ejercicio. Comencé haciendo unos breves gritos o palabras fuertes: vago! idiota! no vales para nada! le grité al cojín que representaba al niño interior. No sentía nada de nada. Me parecía todo muy vacío, pero ya no iba a parar, seguí gritando: imbécil, no te das cuenta de que nadie te quiere realmente? no vales, eres un inútil!.

Curiosamente, de la nada, empecé a sentir un extraño enfado a medida que el ambiente en la habitación iba in crescendo y eso me estimuló (y digo me estimuló porque mi voluntad ya no era mía, me guiaba y atraía la onda del grupo a la que me estaba aproximando a una velocidad en ascenso) continué e incrementé la intensidad de mis insultos y manifestaciones, amplificando el material que T por megafonía gritaba “para animarnos” a “entregarnos al ejercicio”.

Más frases de juicio al niño, más condena, más insultos…

Más, más , más intensidad…

Más , más, más enfado…

Más…

Más…

Más…

Hasta que de golpe y porrazo una energía (que a fecha de hoy no tengo ni idea de lo que fué) me poseyó por completo, entrando por mis piernas y se extendió a todo el cuerpo y estallé en un llanto que no había tenido en toda mi vida consciente (de la que me pueda acordar).

Caí y colapsé en el suelo y lloraba a grito pelado, en el interior de mi mente se daba una vertigonosa concatenación de eventos e impresiones que secuestraron toda, absolutamente toda mi atención. De repente “ví a mi niño interior”, vívidamente, agazapado en una esquina de una mugrienta habitación, tiritando de frío y todo encogido y escondido.

Ante la imagen el llanto se intensificó, perdí la noción del tiempo, del espacio de la sala que se desvaneció, la realidad y la percepción no eran dos cosas distintas, “todo era uno”, “yo era uno con toda aquella experiencia”, “lo observado y el observador eran una y la misma cosa”.

Entré en un “reino” perceptivo totalmente nuevo para mí. No sé cuanto tiempo pasó ni lo que ocurría a mi alrededor, si seguía en la sala, si estaba vivo o muerto, no importaba. Recobré la consciencia de estar en la sala un buen rato después, no sabría calcular el tiempo, pero ya nadie estaba haciendo el ejercicio y la sala estaba vacía y yo estaba en posición fetal en el suelo (se debían haber ido a cenar).

A mi lado habia una montaña de unos 50 centímetros de altura, literalmente, de pañuelos usados que no recuerdo haber usado y mi camiseta estaba toda sudada y la esterilla mojada de mi llanto y sudor.

A mi lado había algún ayudante, ya no me acuerdo de quién, lo único que sé, es que esa experiencia que tuve transformó mi interioridad totalmente y me hizo entrar de lleno en “la onda psico (de la mente)-patológica (enferma)” de la comunidad Osho.

A partir de ahí empecé a confundir mi experiencia interior con la realidad y daba total y plena validez a las intuiciones y voces interiores por sobre la verdad de los hechos. Eso continuaría así durante unos cuantos años hasta que gradualmente saliese de ese profundo estado de trance en el que entré a partir de esa experiencia.

Ni qué decir, que a partir de ese momento creí totalmente todo lo que T y también la “terapeuta” que a veces estaba con él en los talleres decían y en mi interior se estableció el nuevo sistema operativo con el que pasaría a funcionar durante los siguientes años: Windows confunde-percepción-con-objetividad 1000.0, porque no era una versión 1.0, era una versión mejoradísima donde todo estaba relacionado con toda mi percepción.

Una versión del sistema operativo en la que todo vale, en la que nada está bien ni mal, lo único que importa es el niño interior, la emocionalidad de las personas, las causas emocionales ocultas en la vida de las personas y que puedan pasar por experiencias de liberación emocional como creía haber pasado yo y que eso las liberaría para siempre de su dolor y cambiaría el mundo.

A partir de ese momento ya no importaría que una persona estuviese diciendo A, si yo sentía que lo que en verdad le pasaba era B, aunque esa persona negase con total tranquilidad B y me dijese que lo que le ocurría era A, yo sabría con 100% de seguridad que las causas subyacentes que solo yo en mi interior conocía (y las personas patológicamente en trance como yo podían “ver”) eran la verdad, independientemente de los hechos. Una auténtica locura – estado de trance hipnótico en toda regla. Y que no solo no se diagnostica como tal, sino que es “admirado” por muchos como signo de “espiritualidad” “visión” y hasta “iluminación”.

Nadie me preguntó nada. Nadie me sacó de aquel trance, nadie ni tan siquiera me preguntó lo que me había pasado. Por nadie me refiero al “profesional” al que le pagué por apoyo terapéutico, que no me comentó que me relajase y mantuviese mi escepticismo y discernimiento vivo, que va, nada de nada.

Sencillamente “era mi proceso” y acababa de “descubrir la verdad de las cosas en mi interior” la verdad de que “todos guardamos la verdad en nuestro interior” y el interior es donde hay que buscarlo todo, sanarlo todo etc etc etc…

…jajajajaja que confundido que estaba y qué alto precio pagaría por tamaña confusión y por haber entrado en ese trance.

Comenzaba en mi vida la etapa de trance emocional que luego degeneraría en un trance solipsista agudo para finalmente colapsar sus últimos restos definitivamente en 2011-12-13, entre cinco y siete años después.

Continua en la parte VI…

Mi experiencia con la “comunidad” Osho (IV)

[Ahora con el paso del tiempo, no resulta fácil acordarse de los detalles de lo que ocurrío en aquellas horas específicamente en lo hablado, pero siendo perfectamente consciente del hecho de que el lenguaje en este grupo era distinto del empleado normal o naturalmente por la gente común, toda la comunicación dentro del grupo entre los miembros se veía condicionada por este hecho.

Las palabras tenían sutiles carices y matices que en el lenguaje común no tienen y además, nadie hacía esfuerzo alguno en explicarlos. No es que fuese su cometido tampoco, sin embargo  el T/M (terapeuta/maestro) sí que habría estado en el deber de indicar y explicar la manera en la que introducía conceptos fuera de lugar, cosa que no hacía.

Voy a citar unos cuantos ejemplos de estos casos:

“Compartir”: este verbo, que en lenguaje común significa que algo que es tuyo lo brindas a disposición del otro para que lo use también, en estos grupos se “espiritualizaba” siendo usado para sustituir al término hablar, o charlar. Ya no se trataba de hablar sobre tus vivencias en un ejercicio grupal, ya se trataba de “compartir” tus vivencias.

Al término compartir le iban aparejados además significados ligados a ideologías de base de Osho, como que todo lo que tu “compartes” ha de ser siempre sobre tus cosas, hablar del otro está mal porque así no sanas, hablar del otro es centrarse en el otro y eso no te ayuda ni te hace más espiritual, si hablas del otro entonces siempre ha de ser desde el prisma de lo que tu mismo sentías, eso es lo que te hace “responsable por tu “proceso”. Otro nuevo concepto.

El concepto “proceso”, que en el lenguaje natural y común designa el desarrollo que tiene lugar respecto a algún tema, en esta comunidad Oshianica adquiría nuevos y variados “matices”. El “proceso” se convertía en un asunto puramente individual e interior, en una especie de tapadera y a la vez en un elemento sagrado intocable. Cada cual esta viviendo “su proceso” y no hay nada que tú puedas o debas decir “del proceso” del otro porque tú no eres el que lo estás experimentando por tanto no tienes ni idea. Punto-pelota.

Servía como tapadera para que T/M o cuando eran ambos T y M incurriesen en toda clase de obvias contradicciones (que por supuesto en aquel tiempo era incapaz de ver dado mi grado de fascinación con mi nueva “experiencia espiritual” en la comunidad) y negligencias durante los talleres, por ejemplo, hablaban de la importancia de “compartir” desde “el ser/la esencia” (otro nuevo concepto) pero luego en los ejercicios de grupos de 3 o 4 personas de “compartir” nunca se acercaban a cerciorarse de que esa honestidad “terapéutica” estaba teniendo lugar porque claro: “cada uno está viviendo su proceso, y si ahora una persona está hablando “desde la protección” (otro nuevo concepto, traducido si está haciendo teatro o fingiendo ser algo que no es o escudándose) es que está “en su proceso” y ha de aprender por ciencia infusa sin que nadie se lo señale, que está sobreactuando o en negación, aunque haya pagado dinero para que justamente alguien profesional le ayude a salir de sus estados de negación.

Aunque pénsandolo un poco, este razonamiento supone un muy lucrativo elemento comercial, si “el proceso” del cliente se alarga, más talleres = más dinero.

A estas alturas, sigo sin tener certezas sobre el trasfondo de los líderes de la comunidad Osho en españa y tampoco tengo del todo claro el trasfondo de los líderes de la terapia del niño interior y la codependencia internacionales, de los que también hablaré.

Básicamente barajo tres posibles explicaciones que detallaré más adelante, una que tiene que ver con lo patológico y otra que tiene que ver con la extrema ingenuidad y una última que tiene que ver con un complejo síndrome que todavía no he bautizado, pero que, para el efecto podría denominar el síndrome de “pérdida de identidad-fusión con el todo o síndrome solipsista”, como ya digo entraré en este tema más adelante]

Hecho este inciso sobre el lenguaje y las posibles causas subyacentes, retomo la narración un poco antes de donde la dejé:

La mañana del segundo día me senté de espaldas a la ventana, lo recuerdo porque me acuerdo del episodio de la señora que entró en un estado semi-catatónico al “compartir” con el grupo durante la mañana sus emociones.

Recuerdo que su testimonio me impresionó, parecía estar sinceramente apenada y pasando por un profundo duelo y en un determinado momento cerró los ojos y la sobrecogieron sus emociones y empezo a llorar a gritos y no paraba, fué una experiencia intensa para todos aquellos seres empáticos dentro del grupo, yo incluido.

Después de lo que a mi me pareció una eternidad T se levantó y se acercó a ella para sugerirle que abriese los ojos, eso sí, después de haberla incitado a sentir esas emociones “con totalidad” (otro concepto nuevo en alta estima en esta comunidad de Osho).

[En aquel momento yo no sabía nada sobre la resonancia emocional o la inducción o las transferencias empáticas de emociones y me sorprendió “la naturalidad” con la que T abordó lo que le estaba pasando a la señora, casi como si supiese de antemano que lloraría desesperadamente al sugerirle que lo experimentase con “totalidad”.

En ningún momento se planteó posibilidad alguna de que sus estados de desesperación pudiesen tener origen fuera de lo emocional. Ese es un criterio del que acabaría dándome cuenta unos años más tarde después de haber invertido ya mucho dinero, tiempo y energía en el proceso. Siempre se partía de la premisa de que TODO tenía un origen emocional.

No importaba que la desesperación pudiese tener un origen de desajuste hormonal debido a una mala alimentación, una intoxicación o la continua exposición a la convivencia con un caracterópata (por citar tan solo tres causas ajenas a alementos emocionales). Todo absolutamente todo tenía que ver con emociones del niño interior sí o sí y esto sería algo que no cambiaría en todo el tiempo que yo asistiese a los talleres de esta comunidad “terapéutico-espiritual Osho”]

Recuerdo el “aura” (o ambiente en términos naturales), que imperaba en aquellos momentos en el grupo, una clara sensación grupal de que aquello que acaba de pasar era una super-sanación-que-te-cagas y lo “cool” que era T, de haberse levantado y acercado hasta la señora para que abriese los ojos y no se “perdiese en la experiencia” como él dijo con sus propias palabras.

Yo por supuesto estaba flipando e impresionado de lo que acababa de pasar, por un lado por la intensidad de las emociones que una mujer más bien pequeña de tamaño y apagada acababa de exhibir y la intervención de T.

_MG_1386A la hora de comer bajábamos a un recinto abovedado donde estaba el comedor y las mesas alargadas dispuestas en diferentes posiciones.

La comida que servían en los grupos era (y sigue siendo seguramente) ovo-lacteo-vegetariana y durante todo el tiempo que yo acudí a los talleres de esta comunidad osho en Cataluña no se mencionó una sola vez el hecho de que la alimentación pudiese estar detrás de parte de las manifestaciones y desajustes emocionales que las personas manifestaban, ni se hizo esfuerzo alguno en indagar en posibles causas que no fuesen de origen emocional.

[Con el paso de tiempo y también contando con los profundos conocimientos de mi pareja en temas de nutrición he podido comprobar en mí mismo las repercusiones de una dieta alta en carbohidratos para mi sistema emocional y los desajustes que en él provocaba.]

Me gustaba el hecho de que nadie en el taller me pidiese cuentas de nada y que “mi proceso” era “mi proceso” y si quería “compartirlo” pues bien y si no también, independientemente de que yo hubiese pagado para justamente compartir lo que me pasaba y solucionarlo jajajajaja. No sería hasta mucho tiempo después que entendería la falacia que se escondía detrás de esta idea específica y lo detrimental que la falta de reto y confrontación supone en la evolución de una persona.

[No existía en los talleres el elemento reto ni confrontación, salvo en el caso de que alguien estuviese en frontal desacuerdo con T o con ambos Ts cuando eran dos, en cuyo caso el que acababa marchándose era el cliente, porque,  “obviamente” los Ts no se confundían nunca y por supuesto no había motivo alguno para la disculpa o para retractarse.]

o-meditaciondinamicaRecuerdo que al día se llevaban a cabo dos meditaciones “de Osho” una la meditacion dinámica que se hacía por las mañanas y la meditación kundalini que se hacía por las tardes. Ocasionalmente a las noches también se llevaba a cabo alguna meditación de Osho que no era ninguna de estas dos e iba variando.

Recuerdo también, cómo desde la primera mañana de meditación (es decir, el seguno día del taller a la mañana) comenzaron los temas con la meditación dinámica. Había gente que no acudía y luego, una vez comenzada la dinámica a menudo se respiraba en vez de un ambiente de liberación emocional o en todo caso de intento de limpieza emocional, una especie de competición a ver quién era el más “friki” y “espiritual” que montaba más follón y era más estrambótico.

Recuerdo a una mujer extranjera del grupo, que también llevaba un nombre dado por la comunidad Osho en vez del suyo original, que montaba unos “pollos de aupa” en las meditaciones. Todo aquello era tan sorprendente para mí y me causaba tal impresión que de alguna manera anulaba mi sentido crítico absolutamente.

[Ahora transcurrido el tiempo, puedo apreciar que gracias a parte de esas meditaciones que hubo, perdí parcialmente ciertas inhibiciones para bailar por ejemplo y respecto de cómo los demás me percibían, aunque a la vez había una cantidad de exageración y teatro muy importante, que no se correspondía con emociones ni sentimientos surgidos reales en las personas, sino que era un mero juego interpretativo, lo cual me llevaba justamente a no ser yo mismo, sino aquello que la comunidad “espiritual” veía como bueno y no ser lo que la comunidad espiritual veía como “malo”. Tampoco mencionó nunca T nada sobre dejar de hacer teatro en las meditaciones, eso todo era “el proceso” de los que allí estaban.

[ Paréntesis ideológico:

Había unas pautas más o menos claras de lo que era deseable e indeseable en los grupos de la comunidad Osho y esta pauta no cambió en los 8 cursos a los que yo asistí durante los siguientes 3 años y medio, casi cuatro:

– Es malo pensar y razonar. El tema consiste siempre en sentir lo que a uno le pasa y salirse de la mente.

– Es malo analizar y hacer demasiadas preguntas, eso significa que estás “en la mente” (otro concepto malo malote este) y “estando en la mente” no hay sanación posible.

– Es malo juzgar y comparar. Eso es lo que hicieron contigo cuando eras pequeño y el motivo por el que sientes vergüenza hoy en día, así que aquí no juzgues ni compares, punto.

– Es malo arrepentirse porque lo que has vivido lo has vivido y así tenía que ser, fué justo lo que necesitabas para que hoy estés aquí así como estás (no importa el grado de abuso, de violencia o lo que sea, lo necesitabas para llegar aquí). El arrepentimiento es malo, es iglesia católica = caca.

– Es malo dividir las cosas en bueno y malo ajajajajaj (vease la contradicción implícita) todo está bien, todo tiene su propósito aunque tú lo desconozcas.

De momento los malos los dejo aquí más adelante citaré otros “demonios” de la comunidad Osho. Ahora los angelitos y los “buenos”:

– Es bueno sentarse con los ojos cerrados y sentir lo que te pasa ante cualquier situación de la vida para averiguar lo que le pasa a tu niño interior en cada situación dada.

– Es bueno compartir lo que te pasa, siempre desde tu sentir y “tu verdad” (otro concepto que explicaré en detalle más adelante) sin acusar a nadie de nada, haciéndote siempre responsable de cómo te sientes independientemente de quién haya provocado tus emociones y el daño que haya causado.

– Es bueno celebrar la vida, estar contento y “vivir en el momento presente” (otro concepto que explicaré más adelante) en toda circunstancia.

– Es bueno hacer todo aquello que se le supone a una persona espiritual según Osho, ser libre, sexualmente liberado, no trabajar en trabajos “rutinarios”, no estar muy unido a la familia, acumular experiencias místicas, ser “vital” (concepto muy usado y recurrente consistente en que está muy bien visto la gente que es física o energéticamente más proactiva, atractiva sexualmente, o que lo aparente, más que aquellos que ya sea por su naturaleza o por condiciones externas tienen una energía más baja, son menos agraciados o cuentan con menos niveles de vitalidad).

– Es bueno hacer cambios drásticos en tu vida, “compartir” con mucha gente (es decir acostarte con muchas personas) para aprender y estar más liberado y hacer cambios drásticos cuando tu vida sea percibida por el grupo como “monótona” en base a los criterios de osho y sus ideologías, eso sería en el caso de tener un trabajo fijo, una familia con relación estable, una relación de profundo respeto con tus padres (cosa que nadie se creería en esa comunidad, porque siempre parten de la premisa de que la relación con los padres tiene sí o sí que esconder incontables traumas y capas y capas de material emocional reprimido que no terminan jamás) relaciones de pareja estables y primerizas (se cree que los que se emparejan de primeras o segundas parejas no se han “liberado sexualmente” y que en realidad están sí o sí en esas relaciones “por comodidad” “apego” o “carencias emocionales” o “miedos” independientemente de que eso sea cierto o no, que habrá casos que pueda ser así y otros no.

Estos son algunos de los ejemplos, más adelante citaré más aspectos ideológicos muy importantes y relevantes de esta comunidad “espiritual”]

Continúa en la parte V…

[:es]Mi experiencia con la “comunidad” Osho (III)[:en]My experience with the Osho “community” (III)[:]

[:es]Lo que ocurriría en las siguientes horas, las primeras del taller, sería de una gran trascendencia personal, cambiaría mucho mi manera de ver las cosas (que no necesariamente cambiaría las cosas ni en la realidad, ni en mi vida, ni necesariamente para bien).

Bueno, de hecho recuerdo claramente que las primeras 18-24 horas del taller estaba bastante a la defensiva y no involucrándome mucho porque todo me parecía un poco ajeno y regido por una serie de cánones y códigos sociales e ideológicos que yo desconocía. De aquellas no sabía la trascendencia que cada uno de esos cánones tenía en el afianzamiento de las experiencias que viviría allí, ni lo hondo y lo mucho que se incrustarían y dañarían mi psique algunos de esos cánones, no solo en ese primer taller sino en los siguientes a los que asistiría.

espais_grupsRecuerdo vívidamente el lugar en que me senté la primera tarde en aquella sala de “trabajo” amoquetada con grandes cristaleras a un lado que daban a una hermosa sierra.

La sala estaba despejada y había colchonetas dispuestas al lado de las paredes, salvo al fondo que era donde estaba el “maestro” con sus cosas, su micro y sus apuntes, pizarra y demás.

Sin duda, era un sitio muy relajante e invitaba a retirarse en uno mismo. Pensé: “joder, que guay estaría vivir en un sitio así para tener unos minutos al día para desconectar un poco de lo de siempre…” como aprendería mucho más adelante, ya finalizado mi trato con los oshianos, había un legítimo deseo de mayor conexión con la naturaleza entremezclado con un fuerte deseo de evasión de la realidad en la que vivía en esta comunidad, la de los discípulos de Osho.

Recuerdo también que las primeras horas se me encendió fuertemente el sistema de discernimiento y sano juicio que había estado desconectado hasta ese momento y ante algunas de las frases que se decían entre los asistentes al evento (unos casi 40) se encendían mis alarmas interiores y me entraban ganas de preguntar o en algún caso incluso reirme al ver a gente saludarse con un “namasté” en medio de cataluña, lo encontraba surrealista.

Recuerdo también, lo que no sé si fué al principio, pero recuerdo pensar en el tema del dinero porque allí habia mucha gente y como todos hubiesen pagado lo que yo…, pues sí, una pasta pero gansa gansa en cuatro días completos de taller que se endosaría el maestro.

(Ahora con el tiempo veo que en realidad estaba muy desprotegido: pagaba por adelantado, sin idea de que si algo no me gustaba y quería marchar recuperase algo del dinero o nada y sin posibilidad de reclamar nada porque si yo no obtenía los resultados que quería… en fín, voy a dejar este tema en el aire y lo recogeré más adelante).

Todos estos pensamientos se disiparon tan rápidamente como surgieron dada la novedad de las cosas que se acontecían.

Para comenzar el taller, el “maestro” comentó una serie de cuestiones prácticas, de horarios, de funcionamiento, la prohibición de consumir drogas o alcohol durante los talleres, etc… Para comenzar nos “invitaba” (porque a partir de entonces yo aprendería a usar el verbo invitar en muchos nuevos contextos nunca antes conocidos para mí hasta entonces) a estar deacuerdo en no mencionar a nadie lo que fuésemos a vivenciar en aquel taller que tuviese que ver con otras personas.

(Ahora con el paso del tiempo me pregunto si me hubiese negado a ello, es decir si hubiese querido hablar de lo que pasaba allí  y de las cosas que se contaban y hacían, si hubiese dejado la mano sin levantar, me habría podido ir a casa con mi dinero?¿?)

Parecía una petición razonable de confidencialidad que hacía el “maestro” y en aquel momento no tuve tiempo de reflexionarlo porque todo se dió muy rápido como para pensarlo un poco y me pareció de cajón por el consenso general y más aún con el argumento esgrimido por él de que de esta forma evitábamos que alguien se pudiese sentir mal por los cotilleos de otros y era una manera de no interferir en el “proceso” de los demás.

El pacto consistía concretamente en no mencionar nada que tuviese que ver con el “proceso” (otro nuevo concepto que explicaré más adelante) de nadie que no fuesemos nosotros mismos ni dentro ni fuera del evento.

[No se me había ocurrido en ese momento pensar que hacer eso también tiene la contrapartida de que lo que allí pasa nunca se podría estudiar al comprometerse uno a no comunicarlo ni se podría probar la validez o no de los procedimientos usados, ni de las teorías puestas en práctica en el taller. A diferencia de un zapato que te llevas de la zapatería y al cabo de unos días ves si es de buena calidad y resiste o es una chapuza, aquí esa posibilidad no la había desde el punto de vista de la devolución del dinero].

Otro de los temas comentados era el de que si alguien se quería marchar del taller antes de concluyese era libre de hacerlo y que por favor lo comunicase para que el maestro-terapeuta no se preocupase. Este aviso retornaría unas horas después a mi mente ante la perspectiva de marcharme, aunque lo desoiría flagrantemente.

Como en todo grupo, hay una cierta “onda”, a veces más sana y otras, menos sana. Recuerdo que durante las primeras horas yo no entraba para nada en la onda de la comunidad Osho y mi impresión era que había bastantes personas que tampoco, eso iría cambiando con el progreso de las horas. Cuando digo que no entraba en “la onda”, me refiero específicamente a que en los tramos de teoría que empezó explicando el “terapeuta” yo veía algunas incongruencias que en ese momento no era capaz de articular en palabras pero que me rechinaban mogollón.

Por ejemplo, recuerdo que la primera vez que (M abreviatura de Maestro o T de terapeuta a partir de ahora) M mencionó al niño interior, no me acuerdo de la frase literal, por motivos obvios, de eso hace mucho tiempo, pero la dijo de tal forma que daba a entender que efectivamente el niño interior era real y no una cuestión metafórica o psíquica, sencillamente en nuestro interior vivía un niño interior. Puedo acordarme perfectamente pensando aquella tarde: jajajaja que niño interior ni que leches. Este hombre está pirado o que, para esto he pagado?

Hubo algún ejemplo más peculiar en los que no me voy a extender, en aquel momento estaba intentando entender lo que se transmitía y sinceramente el concepto era bastante sencillo (pese a lo compleja que es la vida y las personas, parecía que las soluciones eran muy simples): de lo que se trataba básicamente era de enfocar la atención en el sentir y adentrarnos en las supuestas “causas emocionales” de los conflictos reales que teníamos en el día a día.

De esa forma, supuestamente, sanaríamos esta parte que se sentía dolida emocionalmente y la realidad se transformaría ya que nosotros nos transformaríamos en nuestro interior. Fácil ¿no? Bueno, pues no ajajajaj no es tan fácil ni los humanos somos tan lerdos, ya habríamos dado con la clave mágica hace mucho tiempo si fuese así de fácil y simple.

Un ejercicio que me gustó bastante consistía en sentarse en grupo y hablar por turnos de algunas cosas sugeridas por el T. A esto se le llamaba “compartir”. Se hacía en unas islas que formaban con colchonetas en la sala y la verdad que era una buena oportunidad para reflexionar, indagar y comunicar sobre las cosas propuestas, aunque las explicaciones teóricas previas fuesen tendenciosas, incorrectas o sobresimplificadas en muchos casos.

En el grupo había de todo, como en todas partes, personas cuya motivación me resultaba ajena y personas que nada más hablar con ellas, se veía claramente el estado vulnerable en el que estaban, como yo, intentando orientarse y aprovechar la información explicada para extraer alguna herramienta con la que poner orden en sus vidas.

nodubts(Si hubiese sabido lo que sé hoy en día seguramente ante mis dudas y los conocimientos de los que dispongo, no me habría callado y habría hecho preguntas sobre los contenidos, aunque para ser franco, la disensión en el grupo era muy mal tolerada. Yo he visto como el T y también una T mujer que a veces da los cursos con él, echaban a gente de los cursos que se atrevían a discrepar con sus actuaciones, en pugnas de orgullo que hubiese merecido la pena grabar).

Todo cambiaría fuertemente para mí al cabo de unas horas, en el ejercicio con el “juez interior”, ahí daría un importante giro en mi perspectiva y asumiría fuertemente los cánones solipsistas presentes en estos eventos, de los cuales tardaría mucho tiempo en “espabilarme” y entender cómo funcionan.

Continua en la parte IV…

 

 [:en]What would happen in the next few hours in my first workshop, would be of a great personal significance, it will make me change my way of seeing things (not necessarily change things in reality or in my life,and surely not necessarily for the best) .

Well, actually I remember clearly the first 18-24 hours of the workshop i was quite defensive and not getting involved to much because it all seemed a bit alien and governed by a series of social and ideological canons that I didn’t know at the time. I did not know the significance that each of those canons and social implicit rules had in strengthening the experiences that i was about to live there, nor the deepness and how much it would hurt my psyche, not only in that first workshop but in the following those that i attended.

espais_grupsI remember vividly the place where the first afternoon I sat in that  “work”-room with large windows to the side that opened onto a beautiful mountain range view.

The room was clear and there were mattresses placed next to the walls, except for the bottom wall, where the “master” with his things sat down, with his microphone and stuff.

No doubt, it was a very relaxing and inviting place to retreat in oneself. I thought, “Wow, how cool would be to live in a place like this where i can have a few minutes per day to disconnect from the usual …” much later i would learn, after I finished my “therapeutic process” with the osho therapists/teachers, that there was a legitimate desire inside of me for greater connection with nature interspersed with a strong desire to escape from reality in which lived of the disciples of the Osho community.

I also remember that the first few hours my discernment system got strongly lit and my common sense activated, both had been disconnected for quite long so far and to some of the sentences that were said among the attendees (about 40) my inner alarm went on and I came forward to ask or in some cases even laugh in my head when i saw for example people greeting each other with a “Namaste” in the middle of Catalonia, it was surrealistic.

I remember well, although I do not know whether it was at first, but I remember thinking about the money issue because there were many people there and if everyone paid 500€ like me …, yes, a very big amount of money for just four full days of workshop that was going to earn the teacher.

(Now I see that time was actually very vulnerable for me: i paid in advance, with no idea if anything that I was about to do i would like it and if i wanted to leave if i would be able to recover the money or any part of it or if i would be unable to claim anything because if I did not get the results i wanted…  (Anyway, I’ll leave the topic of money in the air and i’ll pick it up later).

All these thoughts vanished as quickly as it arose because of the novelty of the things that were happening.

To begin the workshop, the “master” commented a number of practical issues, schedules, operating, the ban on drugs or alcohol during the workshops, etc … To start we were “invited” (because thereafter I learnd to use the word invite in many new contexts  previously unknown to me, they in fact played with the language) to agree by raising the hand not to tell anything about anyone of what we were experiencing in the workshop after leaving it if it wasn’t about ourselves.

(Now with the time I wonder if I had refused to do so, for example if i wanted to talk about what happened there and the things that were told and did, if i had left my hand without raising it up, I could have gone to home with my money??)

It seemed a reasonable request for confidentiality the one that made the “master” and at that moment I had no time to reflect on ut because everything was happening too fast for me to think about it and i found driven by the general consensus and  even more with the further argument that in this way we avoided that someone might feel bad about the gossip of others and was a way to not interfere in the “process” of others.

The pact was specifically not to mention anything that had to do with the “process” (another new concept that will explain later) of anyone but ourselves inside or outside the event itself.

[I never thought at that time that doing so also has the counterpart that there ways of teaching couldn’t be studied by committing one not communicate them, nor could i prove or disprove their validity of the procedures used, or theories implemented in the workshop. Unlike a shoe that you wear and in a few days you see if it is good quality and resists or if its sloppy, here that possibility was impossible from the point of view of a possible refund].

Another of the topics discussed was that if someone wanted to leave before concluding the workshop was free to do it and to please communicate it to the teacher-therapist for the teacher not to worry. This notice would return a few hours later to my mind at the prospect of leaving, although i would flagrantly disregard it.

As in any group, there is a certain “wave length”, sometimes healthier and other times, less healthy. I remember that during the early hours I did not aligned to that “wave length” of the Osho community and my impression was that there were many people who did not either, that would be changing with the progress of the next hours. When I say that i wasn’t part of the “Wave”, I mean specifically the sections of theory tha began to explain the “therapist”. I saw some inconsistencies which at the time was not able to articulate in words but they squeaked me strongly since arriving.

For example, I remember the first time (M stands for Master or T for therapist from now) M mentioned the inner child, I do not remember the exact words used, for obvious reasons, that was a long time ago, but he said it so that effectively it implied that the inner child was a real thing and not a metaphorical or psychological issue, simply within us, according to him,  lived an inner child. I can remember perfectly that afternoon thinking: What The F*** you are talking about… inner child… This man is a freak or I really paid for this?

There was a many curious examples in which I am not going to enter right now. At that time I was trying to understand what was being transmitted and concept was quite sincerely simple (despite the fact of the complexity of life and people, it seemed that the solutions were very simple): what was basically asked from us was to focus our attention on the feeling and get into the alleged “emotional causes” of the real conflicts we had in the day by day basis in our lives.

Thus, supposedly i would heal this part i was hurt emotionally and “therefore” transform reality because i get transformed within myself. Easy right? Well, not ajajajaj is not as easy,  nor humans are idiots, we would have found the magic key long ago if it were that easy and simple.

An exercise that I really liked was to sit in groups and taking turns “share” few things about subjects suggested by the T. This was called “sharing.” It grew on islands that were in the room with cushions and to say the truth it was a good opportunity to reflect, investigate and report on the proposed things, although previous theoretical explanations were biased, incorrect or oversimplified in many cases.

In the group there was almost everything, as any elsewhere, ranging from people whose motivation was foreign to me to people who were clearly in a vulnerable state, just like me, trying to orient themselves and pick information to extract a tools to restore their lives.

nodubts

If I had known what I know today, I would not have been quiet and i would raised questions about the contents, but to be honest, dissension in the group was very poorly tolerated. I’ve seen the T and the T-woman that sometimes gives courses with him,  threw people out of the courses who dared to disagree with their performances or ideas, mostly in scenes full of pride struggles that would be worth recording.

All changed for me strongly after a few hours, in the exercise with the “inner judge”, there would happen a significant shift in my perspective and i would strongly assume the solipsistic canons present at these events, which take a long time to “get-rid-off” and understand how they worked.

Continuing in part IV…[:]

Mi experiencia con la “comunidad” Osho (II)

Recuerdo que por aquellos días empezaba a tener la percepción de que lo que ocurría en el interior de ese centro de meditación era “de otro mundo”. Toda esa gente tan “sensible”, “perceptiva” y con un grado de percepción sensorial “tan alta” que parecían tener muy claros los aspectos de la vivencia humana y la espiritualidad…

Cuando se daban lugar las sesiones de Reiki había gente que gritaba y tenía “liberaciones emocionales”, las que eran atendidas por unos pases de manos especiales por parte de los practicantes u ocasionalmente el maestro, que se levantaba de su sitio a la cabecera de la sala para acercarse a alguna de las personas que estaba “en catársis”.

Recuerdo que, el primer día que acudí a reiki, en una repisa del pasillo había unos panfletos sobre el centro de meditación y en la parte trasera de los trípticos estaba la imagen de Osho y tres párrafos sobre él en los que se afirmaban lo importante que era, quién le había nombrado hombre del año o persona india influyente del siglo o no se qué por el estilo…

221945_192830004093461_2100304_nPor supuesto, no mencionaban nada de su ejército privado en su mega-pueblo-con-su-mismo-nombre en Oregón, ni su arsenal de armas, ni su laboratorio químico y bacteriológico, ni sus 93 rolls royce (aunque después oiría más adelante a sus discípulos de primera mano contar historias sobre algunas de estas “nimiedades”) ni las acusaciones con pruebas de niños que vivieron en su comunidad y que fueron negligidos, ni el ataque con salmonela que sus discípulos organizaron bajo sus órdenes sobre la localidad vecina al “ashram” en Oregón para intentar hacerse con el poder en las elecciones locales y que la comuna no fuese investigada y cerrada… nada de nada. Yo de aquella no sabía más que el hecho de que ese hombre era “especial” por algún motivo y que estaba “iluminado”, cosa que de momento solo era una palabra muy interesante para mí de la que no sabía nada.

Más tarde me enteraría de que la “iluminación espiritual” era un estado “especial” en el que la persona que estaba iluminada se percibía a sí misma indivisa del resto de la existencia y con ello obtenía un estado de paz permanente y cese de lucha. Obviamente, de aquella no tenía ni idea de lo que era el solipsismo y los efectos devastadores de esta ideología en la psique humana, ni tenía idea de que el trance solipsista era la supuesta iluminación que este “maestro” tenía.

En aquellos días lo único que me importaba era sentirme bien. Esta era una necesidad imperiosa en mí, porque debido a una concatenación de eventos dolorosos, me había frustrado profesional, personal, emocional y familiarmente en el transcurso de unos pocos meses debido a los eventos que habían ido sucediendo en mi vida.

Era un momento en el que yo era profundamente vulnerable, ya que mi sentido de la identidad, mi sentido de la moral y sobretodo mi confianza en que sabría salir de aquella extraña situación en la que me encontraba estaban tambaleándose.

Reconozco que mi naturaleza curiosa, crítica e investigadora, en aquellos tiempos quedó eclipsada por la supuesta bondad y espiritualidad de las personas que había en aquel “rinconcito de cielo en la tierra” que era el centro de meditación en el corazón de Barcelona.

Comenzaba por aquel tiempo para mí el proceso de quiebre mental (del que por supuesto no sabía nada) fundamentado en la fusión y confusión de la percepción y la realidad.

En mi vida, hasta entonces, nunca me había planteado que las sutiles sensaciones e impresiones interiores que uno siente a diario tuviesen importancia alguna en lo que es mi diario vivir con las personas, con el violín, con los estudios y el trabajo… etc sencillamente ni me lo había planteado.

Pero a las pocas sesiones de meditación y reiki, escuchando hablar al “maestro” que llevaba el centro y a los discípulos y practicantes, empecé a entender que las percepciones sensoriales interiores eran lo único realmente importante de la vida, o al menos eso parecía.

Es decir, que las sutiles sensaciones y percepciones que yo tenía, de alguna manera “mágica”, si fijaba mi atención en ellas lo suficiente y evitaba pensar y dejar que mi mente interfiriese, eso provocaría cambios en mi vida y me procurarían sanación y profundidad como ser humano.

Qué decir, que a estas alturas mi sentido del discernimiento y mi sano juicio estaban haciendo aguas por todas partes y yo parecía no darme cuenta de ello. Solamente recuerdo que aquello me parecía sensato y además debía de ser fácil, porque a los que veía por ahí en el centro parecían todos muy meditadores, espirituales, vestidos de colores blancos y hablando en un tono de voz muy “suave y amoroso” que me contrastaba mucho con el tono normal de las personas de fuera del centro, que gradualmente comenzó a hacérseme un tono duro, insensible, característico de las personas “inconscientes”.

Todos estos razonamientos se derivaban o bien directamente del discurso del maestro, su comportamiento o de sus indirectas proposiciones sobre el humano y la vida.

Pero de donde provenían especialmente era del grupo de acólitos entorno al maestro y de la ideología de Osho en última instancia. Como digo, mi sentido del juicio y discernimiento fué entrando en estado de default, es decir, en bancarrota, desbancado por un nuevo sentido de no-juicio, de aceptación total propugnada no solo por las palabras y las sugestiones del comportamiento de este nuevo “mundillo” en el que me estaba introduciendo, sino por la ideología de fondo que permeaba y permea todo ese movimiento, la ideología de Osho, de la que yo, no tenía ni idea y no descubriría hasta unos siete años después su base: el solipsismo.

Habiendo hecho este inciso sobre mis impresiones subjetivas de esas primeras semanas, retomo el hilo narrativo…. ah sí, el primer taller de codependencia y sanación del niño interior.

Recuerdo que pocas semanas antes del taller hubo una charla por la tarde en la que “el maestro” del centro de meditación, – un hombre de singular apariencia física, discípulo de Osho, cuyo nombre en castellano era un misterio (ahora ya entiendo por qué, porque resultaba ser un nombre bastante común y mucho menos “especial” que el que tiene dado por Osho.) y que se hacía llamar por un nombre entregado a él mediante una celebración de iniciación al sannyas, a ser discípulo de Osho – explicó, en su característicamente impostado tono de voz (hecho que en aquel tiempo me tenía fascinado porque pensaba que su voz era el reflejo de un profundo estado de amor, conocimiento y elevada evolución espiritual) algunas de las cosas relacionadas con el taller que tendría lugar en las faldas de los pirineos catalanes unas pocas semanas después.

EXPLORANDO MI MODELO DE LAS TRES CAPASExplicó cosas muy generales respecto de las emociones y también delineó un modelo muy simple de tres capas en las que, o al menos eso me pareció a mí, todo parecía en realidad ser muy sencillo: en realidad las cosas difíciles y dolorosas en nuestras vidas tenían que ver sí o sí con una parte de nosotros mismos llamada niño interior (del que disponía de una versión peluche de color rojo) y que si conocíamos esa parte y la podíamos sanar o “integrar” todo iría bien, ya que el estado de no sanación era el que producía por algún fenómeno especial el que atrajesemos cosas desagradables a nuestras vidas.

Bajo este supuesto niño interior que mencionaba estaba la esencia, eso que realmente “somos”, un conjunto de cualidades positivas vinculadas a la primera infancia tales que amor, confianza, vitalidad y un largo etcétera que eran equiparadas con las cualidades que portamos al venir a este mundo y que se ven fuertemente en nosotros los primeros años de vida, hasta que aparece la mente (que poco tiempo después descubriría que en este mundillo era la versión del diablo de la iglesia católica, es decir, el enemígo público nº1) y nubla todas esas bonitas cosas que somos generándonos una capa de protección que es con la que nos protegemos sí o sí de sentir las cosas dolorosas en nuestras vidas.

Yo a estas alturas de mi vida, con 21 años, no me había parado nunca a pensar sobre todas estas cosas y me pareció una muy buena idea acudir al taller para intentar aprender más sobre mí mismo en este nuevo “ambientillo” que estaba descubriendo lleno de gente “espiritual”.

Yo lo que quería saber era cómo sanar (ya tenía claro de que había algo no sano en mí que había que sanar), cómo sentirme a gusto conmigo mismo, reencontrar mi identidad y propósito en la vida, etc…

Así que un buen día me subí a un bus dirección norte y llegué al pueblo más cercano a la masía en la que se celebraría el taller, allí me encontré con más personas que también iban y cogimos un taxi juntos lo que quedaba desde el pueblo al lugar, unos cuantos kilómetros aún.

Al llegar había unas cuantas personas de pie frente a la puerta a las que aún no conocía. Estaban delante de la masía de piedra antigua, en un entorno con unas hermosas vistas, aunque aquel día recuerdo que no hacía buen tiempo y no se podía disfrutar del entorno en todo su potencial.

Recuerdo que saludé y me indicaron de subir unas escaleras a la segunda planta de aquella masía, recuerdo también que me sentía como los niños pequeños cuando van al cole las primeras veces, entre expectante, algo desconfiado y acobardado.

No obstante, subí aquellas escaleras y acabé llegando a una sala muy grande que era una especie de distribuidor, del que había puertas a muchas distintas estancias, presumiblemente habitaciones, a la sala que usaríamos como sala de “trabajo” y los espacios comunes de duchas y demás.

Ahí estaba el maestro sentado tras una mesa grande, hablando y abrazando a otras personas recién llegadas. A mí también me saludó y me explicó donde me quedaría a dormir y a qué hora empezaríamos aquella tarde.  También me dijo que le pagase ahí mismo antes de comenzar para dejar el tema despachado y así lo hice.

Mis primeros poco menos de 500 euros invertidos en terapia, recuerdo que pensé: “a ver si me sirve de algo todo esto”.

Continua en la parte III…

Mi experiencia con la “comunidad” Osho (I)

Este relato personal va a ser largo, completo y por partes, quedas prevenido.

Recuerdo que quien me comentó por primera vez sobre los seminarios de sanación del niño interior llevados a cabo por discípulos de Osho fué mi madre que había acudido a uno y se quedó fascinada.

Recuerdo que era otoño de 2006 y que al oír los comentarios por teléfono, busqué en internet quién era este Osho, del que no sabía nada.

1-199En aquel momento pareció que con leer unas pocas frases en unos escasos artículos de internet lo que allí se afirmaba es que tenía el perfil de una secta y que este hombre, Osho, era cuan menos un excéntrico y cuan más un criminal por las cosas que había dicho y hecho en su vida.

Este artículo http://es.sott.net/article/31423-Osho-Lider-de-secta-bioterrorista arroja abundantes datos e información de primera de las tropelías que le involucran en tan solo 58 años de vida a él y a su entorno más cercano. Aquí documentos oficiales de las cortes de justicias del estado de Oregon en USA en referencia a los testimonios de discipulos de Osho respecto de los cargos criminales en su contra: http://www.oregonlive.com/rajneesh/index.ssf/documents.html

Obviamente, le dije a mi madre que sospechaba que había ido a dar a una actividad de una secta. A lo que ella me contesto que para nada, que eran todos muy majos y que yo no entendía nada y no debía prejuzgar.

Yo estaba pasando un mal momento personal y estaba planteándome pedir ayuda psicológica, si bien la única llamada de teléfono que hice a un psicólogo me desmotivó aún más, porque me pareció que la persona en cuestión no andaba mucho mejor que yo… Ni me imaginaba que acabaría sumándome a la comunidad de Osho en Barcelona, en el barrio de Gracia, ni me imaginaba que sería un defensor de Osho, en fin, no me imaginaba muchas cosas de aquella.

Unos pocos días después de esa primera llamada entre mi madre y yo, recuerdo que me volvió a llamar y a insistirme que me pasase por el centro de meditación Osho a hacer una meditación dinámica, que me ayudaría a sentirme mejor.

Yo no tenía ni idea de lo que era y pensé: peor de lo que estoy ahora no puedo estar, probar algo nuevo no me matará.

Así que unos días más tarde a primera hora de la mañana me presenté allí, en el centro de meditación. Me atendieron amablemente, pagué de antemano la meditación, sabía que iba a necesitar ropa cómoda ya que me lo había indicado mi madre por el teléfono, aunque no sabía en qué consistía la meditación. Me vestí de chandal y entré en la sala alargada del centro de meditación, donde había un ambiente del todo extraño para mí.

clases01Sillas de suelo, esterillas, luces muy tenues, olor a resto de incienso, una foto de Osho sobre una repisa de madera y en la sala, otros tres hombres aparte de mí.

El instructor de la meditación comenzó a explicar las fases de las que constaba la meditación y yo escuchaba, algo sorprendido, las diferentes partes de las que constaba: primero serían 10 minutos de permanecer en el lugar exhalando e inhalando de manera intensa,  arrítmica e irregular hasta la hiperventilación para “despertar los contenidos emocionales inconscientes en mi interior”, una segunda parte en la que podría “liberar” mis emociones reprimidas, dando rienda suelta a expresar cualquier tipo de emoción que pudiese haber sido “despertada” durante la primera parte.

Comentó, que Osho solía decir que si en la segunda fase no te surgía nada, que hicieses teatro hasta que te surgiese, en aquel momento ya estaba tan sorprendido de lo que oía que ni me paraba a reflexionar este último punto. Toda parecía perfectamente normal para ellos. Una tercera parte que consistiría en saltar en el lugar que estaba, rebotando sobre los talones y gritando el mantra “hu” cada vez que mis talones golpearan el suelo, cosa que haría para “despertar” mi “centro sexual y vital” situado en el “hara” (el bajo vientre) , la cuarta fase consistiría en quedarse paralizado sin movimientos al oír la voz de Osho que dijese: stop! en el equipo de sonido y permanecer así por 15 minutos hasta que la última fase comenzase una música en la que podría bailar y “celebrar” mi “vida y mi limpieza emocional” realizada aquella mañana. Todo este proceso de 60 minutos, de pie, con los ojos cerrados y sin interactuar con nadie, solo para “mí mismo”.

Ni me imaginaba que la idea “mí mismo” sería el “mantra” que entraría con semejante fuerza en mi vida los próximos años.

Sinceramente, estaba un poco sorprendido y todo aquello “me sonaba a chino”, pero decidí arriesgarme y hacer lo sugerido.

La meditación comenzó, y ahí estaba yo, respirando a tope, sin razón alguna, metiendo grandes cantidades de aire y expulsando grandes cantidades de aire en mi interior. Como es lógico, me comencé a agotar al cabo de poco tiempo del sobre-esfuerzo respiratorio y a pensar qué estaba haciendo allí.

Aún así logré mantenerme haciendo este proceso con una música “a todo trapo” de tambores o percusión. Lo que yo no sabía era la dimensión real de la segunda fase de esta meditación, porque a partir de la vaga descripción dada por el instructor no me había podido imaginar lo que estaba por pasar y no estaba preparado para ella en absoluto. Al finalizar la primera de las fases, sonó un potente gong al que le siguieron los gritos ensordecedores de tres hombres adultos, que juntados con la música que ahora era una especie de pieza de rock “sacada de madre”, estaban liando una “del carajo”.

89350713.df7YH4iH.rajneesh201Recuerdo que abrí los ojos y pensé, ¿pero que cojones habrán estado haciendo estos durante la primera fase para cabrearse de esta forma? ajajajjaja, en fín, en aquel momento tuve mi momento de lucidez y me dije: yo no he sentido emoción alguna “despertarse en mi interior” ni le veo ningún sentido desgañitarme aquí, estos están “piraos” y cogí la puerta y me fuí. Sí.

Puse límites a esa situación, mucho antes de “descubrir” lo que era poner límites y “descubrir” que yo al parecer no sabía poner límites y que en toda mi vida no había sabido ponerlos desde que era pequeño porque no me lo habían enseñado (eso vendría más adelante en los talleres de codependencia y sanación del niño interior en los pirineos).

De momento, ahí estaba yo en el vestuario, vistiéndome de calle, cuando el instructor salió preocupándose de si yo estaba bien. Le dije que sí, que aquello no iba conmigo y que me iba. Ya no recuerdo el resto del intercambio, pero me marché, dando por finalizada mi experiencia con las meditaciones de Osho.

Qué confundido que estaba, no tenía ni idea de cuántas veces haría esa meditación en los siguientes 4 años y lo mucho que las defendería, aún sin saber realmente si eran efectivas o si los resultados que aparecían eran fruto de otras circunstancias ligadas a los cánones internos de la comunidad Osho.

Durante unas pocas semanas no volvió a salir el tema, pero nuevamente influido por mi madre (sí, mi madre tenía un enorme poder de influencia sobre mí en el pasado lo sé) acabé yendo al centro de meditación, en este caso para algo más “light”.

Se trataba de una meditación kundalini de Osho, seguida de una sesión de Reiki.

Esta vez en el centro de meditación había bastantes personas y la sesión de aquella tarde la impartía el discípulo de Osho que es dueño del centro de meditación, un hombre que conocí esa misma tarde, al que los demás escuchamos mientras explicaba las indicaciones de esta meditación, mucho más “tranquilita” que la otra. Recuerdo pensar que: “bueno, quizás fué mala suerte el primer día”.

Hice la meditación sugerida que consistía en dejar temblar el cuerpo soltando la musculatura (se comentaba que al principio la musculatura estaría contraída y que surgían molestias o dolores solamente había que “atestiguarlos”, otro leitmotiv que sería recurrente y usado indiscriminadamente en diversos contextos) una segunda parte de danza libre, unos minutos de silencio meditativo sentados en el suelo y unos minutos tumbados.

Esta meditación me resultó mucho más sencilla de llevar a cabo, aunque no sentí kundalini alguna. De aquella no sabía que había “maneras especiales” de “sentir”. Para mí era nuevo eso de sentarme con los ojos cerrados y no hacer nada. De repente era como si pudiese ver el contenido mental más claramente en mi cabeza y como si le hubiesen subido el volumen.

Recuerdo que la sesión de Reiki me tumbé para recibir y me gustó mucho el contacto de las manos de la persona que facilitaba, era agradable estar allí tumbado sin hacer nada, solo disfrutando del contacto y de saber que el otro te estaba prestando atención.

Todo este proceso iba acompañado de sus elementos que yo desconocía, una esencia con olores en las manos de los que daban reiki y sus procedimientos y posiciones en las que se imponían las manos.

Recuerdo que unos pocos minutos después del inicio de la sesión la persona a mi lado comenzó a llorar. Yo no sabía por qué y sinceramente me pareció extraño que en un ambiente tan tranquilo  alguien se pusiera a llorar. No le dí más importancia porque imaginé que las personas a su lado sabrían qué hacer al respecto. Al cabo de otros pocos minutos otra persona entró a llorar, esta vez más fuerte y al poco una tercera. Aquí es donde, de repente, yo empecé a sentir ganas de llorar y comencé yo también.

De aquella yo no sabía nada sobre inducción ni resonancia emocional, ni sobre autosugestión, ni sobre el factor exógeno, sencillamente esas ganas de llorar súbitas que me vinieron de no sé dónde ni a cuento de qué las dejé salir, y me sentí al final más aliviado. Más tarde me explicarían la teoría de que muchas veces “no sabemos de donde provienen las emociones que sentimos” y de que aún así es bueno sentirlas todas porque tiene un propósito liberador y de limpieza emocional no importa la cantidad ni el origen, lo importante es que “las sientas” y las “expreses”.

Ese argumento me lo tragué por supuesto, porque de aquellas cosas yo no sabía nada y en parte después de la primera sesión me sentía en parte aliviado. Para mi sorpresa al acudir a la segunda sesión a la siguiente semana me volvió a pasar lo mismo pero más intenso, mucho llanto, algo de alivio y a casa.

Así fué pasando lo mismo unas pocas semanas, hasta que el maestro que organizaba aquellas clases comentó que para el siguiente mes coincidiendo con el puente de la Constitución se llevaría a cabo un retiro de 5 días en los Pirineos, que tendría que ver con la codependencia y la sanación del niño interior.

Continúa en la parte II…