Mi experiencia con la “comunidad” Osho (I)

Este relato personal va a ser largo, completo y por partes, quedas prevenido.

Recuerdo que quien me comentó por primera vez sobre los seminarios de sanación del niño interior llevados a cabo por discípulos de Osho fué mi madre que había acudido a uno y se quedó fascinada.

Recuerdo que era otoño de 2006 y que al oír los comentarios por teléfono, busqué en internet quién era este Osho, del que no sabía nada.

1-199En aquel momento pareció que con leer unas pocas frases en unos escasos artículos de internet lo que allí se afirmaba es que tenía el perfil de una secta y que este hombre, Osho, era cuan menos un excéntrico y cuan más un criminal por las cosas que había dicho y hecho en su vida.

Este artículo http://es.sott.net/article/31423-Osho-Lider-de-secta-bioterrorista arroja abundantes datos e información de primera de las tropelías que le involucran en tan solo 58 años de vida a él y a su entorno más cercano. Aquí documentos oficiales de las cortes de justicias del estado de Oregon en USA en referencia a los testimonios de discipulos de Osho respecto de los cargos criminales en su contra: http://www.oregonlive.com/rajneesh/index.ssf/documents.html

Obviamente, le dije a mi madre que sospechaba que había ido a dar a una actividad de una secta. A lo que ella me contesto que para nada, que eran todos muy majos y que yo no entendía nada y no debía prejuzgar.

Yo estaba pasando un mal momento personal y estaba planteándome pedir ayuda psicológica, si bien la única llamada de teléfono que hice a un psicólogo me desmotivó aún más, porque me pareció que la persona en cuestión no andaba mucho mejor que yo… Ni me imaginaba que acabaría sumándome a la comunidad de Osho en Barcelona, en el barrio de Gracia, ni me imaginaba que sería un defensor de Osho, en fin, no me imaginaba muchas cosas de aquella.

Unos pocos días después de esa primera llamada entre mi madre y yo, recuerdo que me volvió a llamar y a insistirme que me pasase por el centro de meditación Osho a hacer una meditación dinámica, que me ayudaría a sentirme mejor.

Yo no tenía ni idea de lo que era y pensé: peor de lo que estoy ahora no puedo estar, probar algo nuevo no me matará.

Así que unos días más tarde a primera hora de la mañana me presenté allí, en el centro de meditación. Me atendieron amablemente, pagué de antemano la meditación, sabía que iba a necesitar ropa cómoda ya que me lo había indicado mi madre por el teléfono, aunque no sabía en qué consistía la meditación. Me vestí de chandal y entré en la sala alargada del centro de meditación, donde había un ambiente del todo extraño para mí.

clases01Sillas de suelo, esterillas, luces muy tenues, olor a resto de incienso, una foto de Osho sobre una repisa de madera y en la sala, otros tres hombres aparte de mí.

El instructor de la meditación comenzó a explicar las fases de las que constaba la meditación y yo escuchaba, algo sorprendido, las diferentes partes de las que constaba: primero serían 10 minutos de permanecer en el lugar exhalando e inhalando de manera intensa,  arrítmica e irregular hasta la hiperventilación para “despertar los contenidos emocionales inconscientes en mi interior”, una segunda parte en la que podría “liberar” mis emociones reprimidas, dando rienda suelta a expresar cualquier tipo de emoción que pudiese haber sido “despertada” durante la primera parte.

Comentó, que Osho solía decir que si en la segunda fase no te surgía nada, que hicieses teatro hasta que te surgiese, en aquel momento ya estaba tan sorprendido de lo que oía que ni me paraba a reflexionar este último punto. Toda parecía perfectamente normal para ellos. Una tercera parte que consistiría en saltar en el lugar que estaba, rebotando sobre los talones y gritando el mantra “hu” cada vez que mis talones golpearan el suelo, cosa que haría para “despertar” mi “centro sexual y vital” situado en el “hara” (el bajo vientre) , la cuarta fase consistiría en quedarse paralizado sin movimientos al oír la voz de Osho que dijese: stop! en el equipo de sonido y permanecer así por 15 minutos hasta que la última fase comenzase una música en la que podría bailar y “celebrar” mi “vida y mi limpieza emocional” realizada aquella mañana. Todo este proceso de 60 minutos, de pie, con los ojos cerrados y sin interactuar con nadie, solo para “mí mismo”.

Ni me imaginaba que la idea “mí mismo” sería el “mantra” que entraría con semejante fuerza en mi vida los próximos años.

Sinceramente, estaba un poco sorprendido y todo aquello “me sonaba a chino”, pero decidí arriesgarme y hacer lo sugerido.

La meditación comenzó, y ahí estaba yo, respirando a tope, sin razón alguna, metiendo grandes cantidades de aire y expulsando grandes cantidades de aire en mi interior. Como es lógico, me comencé a agotar al cabo de poco tiempo del sobre-esfuerzo respiratorio y a pensar qué estaba haciendo allí.

Aún así logré mantenerme haciendo este proceso con una música “a todo trapo” de tambores o percusión. Lo que yo no sabía era la dimensión real de la segunda fase de esta meditación, porque a partir de la vaga descripción dada por el instructor no me había podido imaginar lo que estaba por pasar y no estaba preparado para ella en absoluto. Al finalizar la primera de las fases, sonó un potente gong al que le siguieron los gritos ensordecedores de tres hombres adultos, que juntados con la música que ahora era una especie de pieza de rock “sacada de madre”, estaban liando una “del carajo”.

89350713.df7YH4iH.rajneesh201Recuerdo que abrí los ojos y pensé, ¿pero que cojones habrán estado haciendo estos durante la primera fase para cabrearse de esta forma? ajajajjaja, en fín, en aquel momento tuve mi momento de lucidez y me dije: yo no he sentido emoción alguna “despertarse en mi interior” ni le veo ningún sentido desgañitarme aquí, estos están “piraos” y cogí la puerta y me fuí. Sí.

Puse límites a esa situación, mucho antes de “descubrir” lo que era poner límites y “descubrir” que yo al parecer no sabía poner límites y que en toda mi vida no había sabido ponerlos desde que era pequeño porque no me lo habían enseñado (eso vendría más adelante en los talleres de codependencia y sanación del niño interior en los pirineos).

De momento, ahí estaba yo en el vestuario, vistiéndome de calle, cuando el instructor salió preocupándose de si yo estaba bien. Le dije que sí, que aquello no iba conmigo y que me iba. Ya no recuerdo el resto del intercambio, pero me marché, dando por finalizada mi experiencia con las meditaciones de Osho.

Qué confundido que estaba, no tenía ni idea de cuántas veces haría esa meditación en los siguientes 4 años y lo mucho que las defendería, aún sin saber realmente si eran efectivas o si los resultados que aparecían eran fruto de otras circunstancias ligadas a los cánones internos de la comunidad Osho.

Durante unas pocas semanas no volvió a salir el tema, pero nuevamente influido por mi madre (sí, mi madre tenía un enorme poder de influencia sobre mí en el pasado lo sé) acabé yendo al centro de meditación, en este caso para algo más “light”.

Se trataba de una meditación kundalini de Osho, seguida de una sesión de Reiki.

Esta vez en el centro de meditación había bastantes personas y la sesión de aquella tarde la impartía el discípulo de Osho que es dueño del centro de meditación, un hombre que conocí esa misma tarde, al que los demás escuchamos mientras explicaba las indicaciones de esta meditación, mucho más “tranquilita” que la otra. Recuerdo pensar que: “bueno, quizás fué mala suerte el primer día”.

Hice la meditación sugerida que consistía en dejar temblar el cuerpo soltando la musculatura (se comentaba que al principio la musculatura estaría contraída y que surgían molestias o dolores solamente había que “atestiguarlos”, otro leitmotiv que sería recurrente y usado indiscriminadamente en diversos contextos) una segunda parte de danza libre, unos minutos de silencio meditativo sentados en el suelo y unos minutos tumbados.

Esta meditación me resultó mucho más sencilla de llevar a cabo, aunque no sentí kundalini alguna. De aquella no sabía que había “maneras especiales” de “sentir”. Para mí era nuevo eso de sentarme con los ojos cerrados y no hacer nada. De repente era como si pudiese ver el contenido mental más claramente en mi cabeza y como si le hubiesen subido el volumen.

Recuerdo que la sesión de Reiki me tumbé para recibir y me gustó mucho el contacto de las manos de la persona que facilitaba, era agradable estar allí tumbado sin hacer nada, solo disfrutando del contacto y de saber que el otro te estaba prestando atención.

Todo este proceso iba acompañado de sus elementos que yo desconocía, una esencia con olores en las manos de los que daban reiki y sus procedimientos y posiciones en las que se imponían las manos.

Recuerdo que unos pocos minutos después del inicio de la sesión la persona a mi lado comenzó a llorar. Yo no sabía por qué y sinceramente me pareció extraño que en un ambiente tan tranquilo  alguien se pusiera a llorar. No le dí más importancia porque imaginé que las personas a su lado sabrían qué hacer al respecto. Al cabo de otros pocos minutos otra persona entró a llorar, esta vez más fuerte y al poco una tercera. Aquí es donde, de repente, yo empecé a sentir ganas de llorar y comencé yo también.

De aquella yo no sabía nada sobre inducción ni resonancia emocional, ni sobre autosugestión, ni sobre el factor exógeno, sencillamente esas ganas de llorar súbitas que me vinieron de no sé dónde ni a cuento de qué las dejé salir, y me sentí al final más aliviado. Más tarde me explicarían la teoría de que muchas veces “no sabemos de donde provienen las emociones que sentimos” y de que aún así es bueno sentirlas todas porque tiene un propósito liberador y de limpieza emocional no importa la cantidad ni el origen, lo importante es que “las sientas” y las “expreses”.

Ese argumento me lo tragué por supuesto, porque de aquellas cosas yo no sabía nada y en parte después de la primera sesión me sentía en parte aliviado. Para mi sorpresa al acudir a la segunda sesión a la siguiente semana me volvió a pasar lo mismo pero más intenso, mucho llanto, algo de alivio y a casa.

Así fué pasando lo mismo unas pocas semanas, hasta que el maestro que organizaba aquellas clases comentó que para el siguiente mes coincidiendo con el puente de la Constitución se llevaría a cabo un retiro de 5 días en los Pirineos, que tendría que ver con la codependencia y la sanación del niño interior.

Continúa en la parte II…